miércoles, 3 de octubre de 2018

LAS HERRADURAS EN EL ARTE RUPESTRE DE LA PROVINCIA DE LEÓN

Hace pocas semanas pude leer en el Diario de León una noticia referente a la publicación de un trabajo sobre los grabados rupestres de Pendilla en Villamanín (León). En dicho trabajo, Manuel Mallo Viesca hace relación de diversas rocas con grabados en el camino que asciende desde la localidad de Pendilla hasta Propinde. La noticia, excelente por la divulgación de estas manifestaciones rupestres, tiene la cara amarga cuando leemos que de las 17 rocas documentadas en el año 1970 solo se conservan 4, las demás han desaparecido bajo el empuje de las excavadoras al ensanchar el camino. Hasta ahora nunca se habían divulgado estos grabados y vemos ahora el resultado, para que tomen nota aquellos que no son partidarios de dar a conocer estos vestigios en aras de una mejor protección.

La mayoría  de los grabados de Pendilla que se han conservado, y muchos de los que han desaparecido, están representados por una figura semicircular o con forma de herradura, que poco a poco se ha ido convirtiendo en habitual en las estaciones rupestres leonesas. Ha pasado de ser una representación casi testimonial que solamente aparecía en unos pocos paneles, como las herraduras de "La Peña de Santiago" en el Castro de Sopeña y algunos ejemplos más situados en fuentes y rocas solitarias. Muchas de ellas llevan aparejada la leyenda de las pisadas dejadas por el caballo del Patrón Santiago, que daba unos saltos tan prodigiosos que transmitía las improntas con forma de herradura a la roca. Hoy, la gran mayoría de estos grabados han desaparecido, y solo se conservan las leyendas orales que nos hablan de ellas.



Roca 1 de Pendilla. Herraduras, cruciformes y figuras bitriangulares



Pendilla, Roca 1. Detalle de herraduras con forma de vulva


Pendilla, Roca 8. Tres herraduras con pequeña cazoleta inscrita


Roca 13 en Pendilla. Herraduras y cruciforme

Gracias a los últimos descubrimientos, las herraduras están presentes en el arte rupestre leonés en diversas estaciones. Además de las citadas de Pendilla, tenemos “La Peña de Santiago” en Villar del Monte (LaCabrera), “La Pisada del Moro y de la Mora” en Castrillos de la Valduerna, la “Peña Ferrada” en Chana de Somoza (Maragatería) y en el castro de Sopeña (cerca de Astorga y a las puertas de La Cepeda). Hay noticias de leyendas y herraduras en Brimeda (La Cepeda) y algunos pueblos de Las Omañas. Por otro lado, Juan Luis Puerto enumera en su libro “Leyendas de tradición oral de la provincia de León” más de una docena de leyendas asociadas a grabados con herraduras repartidas por toda la provincia, muchas de ellas ya desaparecidas o ilocalizables como las de “El Vasico” en Chana de Somoza o las herraduras de Palacios Mil en La Cepeda Alta.



Herradura de "La Peña de Santiago" en el castro de Sopeña



"La peña de Santiago" en Villar del Monte



"Peña Ferrada" en Peña Martín (Chana de Somoza)



"La Pisada del Moro y de la Mora". Castrillo de la Valduerna

 Los emplazamientos suelen coincidir con castros prerromanos o cerca de su espacio de influencia, y como paradoja cabe considerar que están ausentes en el tramo del Camino de Santiago que atraviesa la provincia, un trazado donde cabría de esperar que se concentrasen herraduras y leyendas del apóstol.  Pueden aparecer en solitario o en pequeñas o grandes agrupaciones, sin otras figuras junto a ellas o asociadas en un caso a podomorfos, y a cruciformes en otro, aunque en algunas estaciones guardan una prudente distancia entre ellos como si funcionasen independientemente. En la “Peña Ferrada” de Chana y en “La Peña de Santiago” de Villar del Monte las herraduras presentan un punto o pequeña cazoleta interior y algunas agrupaciones se representan muy juntas y ordenadas verticalmente a modo de eslabones de una cadena. Las herraduras de Castrillo de la Valduerna y Villar del Monte son más pequeñas y proporcionadas, mientras que las de Chana y las del Castro de Sopeña son más grandes, algunas con una curvatura que tiende a cerrarse.
Los grabados con forma de herradura de Pendilla que se acaban de divulgar atesoran prácticamente todo el repertorio: unas son semicírculos simples, más o menos cerrados, otras tienen los lados rectos, y en lo que concierne al interior, contienen algunas un punto o pequeña cazoleta, otras herraduras presentan una raya interior, horizontal en unos casos y vertical en otros. En los ejemplos de raya vertical, la figura resultante recuerda a las vulvas grabadas en las paredes de las cuevas paleolíticas, y a otras que aparecen pintadas en el mismo contexto, como por ejemplo las representadas en el "Camarín de las Vulvas" en la cueva de Tito Bustillo. Todo esto no hace más que reforzar la teoría que propone a las herraduras como símbolos de fertilidad.


                                Roca 1 en Pendilla. Detalle de herraduras con forma de vulva

Todavía hoy pensamos que la forma de herradura es un símbolo propicio de la buena suerte, y luce clavada en la puerta de muchas casas. Es un amuleto tan potente que basta con tocarlo, tirarlo hacia atrás o ponerlo en determinado lugar para conseguir buenas energías a su alrededor. La forma de "U" se repite en muchas civilizaciones como atributos de dioses femeninos o como símbolos lunares (que es casi lo mismo). Si el semicírculo está invertido, se asemeja al aparato genital femenino, incluso podría asimilarse al útero creador de la vida. La pequeña cazoleta en su interior podría significar el comienzo de la vida o la semilla primigenia. Pero eso es solo mi teoría, y por el momento no deja de ser una teoría más.


Detalle de herraduras con cazoleta inscrita. Peña Ferrada en Peña Martín  (Chana de Somoza)

Las diferentes interpretaciones que se proponen, así como las propuestas cronológicas han generado controversia entre los especialistas, pues como las cazoletas abarcan un espacio temporal que discurre desde el Paleolítico hasta la Edad Media. En la mayoría de los paneles con herraduras, basta un solo cruciforme para que se las considere de cronología histórica, aunque las técnicas de ejecución de las figuras sean completamente diferentes y su aspecto sea anacrónico.  No obstante, me llama la atención la valentía de Manuel Mallo al aventurar una propuesta cronológica prehistórica para las herraduras de Pendilla. No todos los especialistas se arriesgan a llevar la contraria al pensamiento dominante.

     La lista de grabados con forma de herradura en la península sería interminable, pero nos resultan más cercanas a León las herraduras del “Picu Berrubia”, en el centro de Asturias, dadas a conocer por Blas Cortina, diversas “Pedras das Ferraduras” en los petroglifos gallegos o las huellas de soldados, santos y héroes (Santiago, El Cid, Roldan, las pisadas o “patadas” de Virgen María etc.) repartidas por la Meseta Central.

sábado, 14 de abril de 2018

LAS FIGURAS SOLIFORMES DE LA PLAYA DEL REDUCTO EN ARRECIFE. (LANZAROTE)

Todos los que habéis seguido este blog, sabéis que casi siempre he tratado de divulgar en él manifestaciones rupestres de la provincia de León. Esta vez voy a romper esa costumbre, porque la ocasión bien lo merece. Hace mucho tiempo que he llegado al convencimiento de que el arte rupestre es un fenómeno que debe ser contemplado en un contexto más amplio del que estamos acostumbrados.

Viene esta introducción a cuenta porque en esta entrada vamos a tratar de divulgar una estación rupestre que descubrí casualmente hace 4 meses en una visita a la hermosa isla de Lanzarote, en mis queridas Islas Canarias.
La estación rupestre ha permanecido inédita hasta ahora, a pesar de estar en el centro de una playa visitada por miles de turistas, y no acabo de explicarme como eso ha podido ser posible, ni la razón por la cual el destino me haya elegido a mi otra vez. Aunque la verdad, cada vez me extrañan menos estas cosas raras que me pasan...
Ir de vacaciones a una isla tan bonita como Lanzarote es lo normal, lo que te pide el cuerpo para descansar de todas tus actividades cotidianas, incluyendo mi pasión por el arte rupestre. Lo suyo es bajar del hotel e ir a la playa, tumbarte en una hamaca, cerrar los ojos y escuchar la brisa del mar, hasta ahí todo normal... 
Cuando después de un buen rato abro los ojos, me fijo en una zona rocosa situada en el medio de la playa. El afloramiento no tiene apenas altura, se adentra unos metros en el mar y desaparece sumergido bajo las olas. No tiene nada de espectacular, pero el  intenso color negro del basalto volcánico contrasta con la arena de la playa.... Y me siento atraido, como si fuera un ludópata y escuchase la música de una máquina tragaperras. Así que le digo a Estrella y a mi hijo Juan, "Voy un momento a ver esas rocas, vengo enseguida".


Situación del afloramiento en medio de la playa de El Reducto en Arrecife (Lanzarote)


Media hora después volví a la hamaca. No dije nada en un principio, pero me vieron esa sonrisa tonta que se nos pone a todos algunas veces, y acabé por murmurar "Ya estamos otra vez...". Estrella no dijo nada pero me preguntó con la mirada, y yo asentí.

Lo que acababa de ver en aquel afloramiento eran más de 60 figuras soliformes, situadas a ras de suelo, grabadas en el basalto volcánico, y distribuidas en dos grupos separados entre sí apenas un docena de metros. 

La primera agrupación del afloramiento rocoso está orientada hacia el amanecer, y por tanto se aprecian mejor las figuras cuando el sol aún no ha ganado mucha altura. La concentración de soliformes  es mucho más apretada en esta zona, y es espectacular tanto por la cantidad de figuras como por su variedad de formas y tamaños. 

Figuras soliformes. Nótese la figura casi tapada por la arena






Figuras soliformes de la primera agrupación (PANEL I), orientada al este.


El segundo grupo se orienta a la puesta de sol, especialmente cuando se acerca el solsticio de invierno, como se puede ver en alguna fotografía. Las figuras aquí no son tan abundantes como en el primer panel, pero son de mayor tamaño y tienen los surcos más profundos. Algunas medidas de los soliformes más grandes superan el metro de diámetro.









Figuras soliformes orientadas al oeste, en la segunda agrupación (PANEL II)

En la investigación posterior que realicé sobre la zona, no encontré documentación alguna sobre estos vestigios, por lo que que empecé a considerar que podían ser inéditos. Cuando comuniqué el hallazgo a la sección de Patrimonio Histórico del Cabildo de Lanzarote, me confirmaron esta primera impresión: A excepción de algunas cazoletas, no se tiene conocimiento de  ninguna estación rupestre de este tipo en la zona de Arrecife, incluida la playa del Reducto.
Como se ve en las fotos, las figuras se asemejan poderosamente a las típicas representaciones del sol que están presentes en todos las culturas y continentes. El conjunto de figuras, que supera las 60 unidades, debe convertirse en un icono cultural de la isla de Lanzarote, pues no se conoce tal concentración de figuras soliformes en todo el Archipiélago Canario e incluso en todo el arte rupestre del Eje Atlántico.

Aunque en un principio pensé que todas las figuras eran antrópicas (producidas por la acción del hombre), la opinión de algunos especialistas de la isla me ha hecho adoptar cierta cautela. Ellos aseguran que, si bien las cazoletas centrales de las figuras son antrópicas, los "rayos" son naturales, producto de la geología volcánica de la isla. Atendiendo a esas indicaciones, elaboré un trabajo en el que expongo esas posibles objeciones, pero proponiendo la teoría que postula la gran importancia de la estación rupestre, aun considerando el origen natural de los surcos radiales.
 Sin embargo, en ese mismo trabajo pido a las autoridades patrimoniales del Cabildo de Lanzarote que efectúen estudios más específicos, pues otros especialistas consultados con posterioridad dudan de que los surcos sean naturales, o que al menos no hayan sido modificados por la mano del hombre. En ese sentido, la opinión y dictamen de los geólogos tendrá mucho que decir.



Soliformes en el Panel II

OBJETIVOS

Se debe generar en la isla un debate científico, sereno y constructivo, protagonizado por especialistas en Arte Rupestre, geólogos, aficionados y cualquier persona que pueda aportar conocimientos que ayuden a culminar los siguientes objetivos:

La estación rupestre de la playa de El Reducto, debe ser estudiada en profundidad, y sobre todo debe ser protegida.

Se debe determinar si la ejecución de los surcos radiales son producto de la naturaleza volcánica o por el contrario fueron hechos o modificados por la mano del hombre.

Aún suponiendo el origen natural de los surcos, se constata que todas las cazoletas son antrópicas y se han realizado en el centro mismo de las figuras, formando intencionadamente representaciones solares. Si aceptamos esta evidencia, la importancia que cobran estas figuras es indudable.

Una estación rupestre que contiene 60 representaciones soliformes grabadas en la dura roca basáltica debe ser considerada con la categoría de excepcional, ayudando a la comprensión de la Historia de Lanzarote y merece por derecho propio ser declarado Bien de Interés Cultural.



Para todos los que queráis profundizar sobre el tema, os pongo un enlace al trabajo que he publicado en la "Academia. edu" ( os aconsejo que lo descarguéis primero)



domingo, 1 de abril de 2018

LIBRO "GRABADOS RUPESTRES DE LA PROVINCIA DE LEÓN"

Despues de un largo tiempo de silencio en este blog, subo una entrada para comunicaros que el silencio no significa inactividad, y que he estado aprovechando todo este tiempo para terminar la edición de un nuevo libro en donde recopilo todas las manifestaciones rupestres que han ido apareciendo en la provincia de León. 
El sábado 31 de marzo será la presentación en Astorga, en la Ergástula del Museo Romano, a las siete de la tarde.




      Cartel anunciador de la presentación en Astorga


   Reseña del  libro “Grabados Rupestres de la Provincia de León”

“Grabados Rupestres de la Provincia de León”, es una cuidada monografía sobre las manifestaciones rupestres aparecidas en la provincia leonesa desde el año 2008 hasta la actualidad.  Se incluyen y amplían los datos sobre las estaciones con petroglifos recopiladas en el primer libro del autor titulado “Petroglifos en Maragatería. El enigma de los laberintos del Teleno”,  publicado en 2012, y a continuación se presentan y analizan los grabados rupestres descubiertos  en los siguientes años, en un recorrido temporal que abarca la Prehistoria, la Protohistoria y la Historia Contemporánea, demostrando que en estas tierras se han grabado símbolos en las rocas desde la noche de los tiempos hasta la actualidad.
El catálogo resultante, donde se expone una treintena de estaciones rupestres,  se completa  en los capítulos finales con otras manifestaciones culturales, como las piedras grabadas para jugar a los bolos, los alquerques de juego de la catedral de León, o los grabados que dejaron los últimos pastores. Toda esa información se acompaña de un extenso soporte fotográfico que supera las  250 imágenes.
Este trabajo pretende dignificar una parte muy importante de nuestros orígenes, y al mismo tiempo servir de homenaje a la sociedad leonesa y a tantos aficionados al Arte Rupestre, que han sabido incorporar esta herencia como propia de sus antepasados.



     Portada del libro "Grabados Rupestres de la provincia de León"

Pronto estará en las librerías de la provincia, con un precio de 23€. El libro está editado con papel de calidad, tiene 236 páginas y más de 250 fotografías a todo color. Para aquellos que vivan en otras provincias o quieran recibirlo por correo, se pueden poner en contacto conmigo, escribiendo al correo juancarlos9999@gmail.com, y les contestaré calculando los gastos de envío. Espero que os guste.

domingo, 17 de septiembre de 2017

POSIBLE ZOOMORFO EN VILLARINO DEL SIL.

Hace unas semanas un buen amigo petroglifero (Miguel Ángel González) me avisó del descubrimiento  de un grabado bastante peculiar. En el pueblo de Villarino del Sil (Palacios del Sil) hay una losa en el pavimento del patio de una casa particular con un extraño grabado que recuerda por su forma a una figura zoomorfa muy esquematizada, similar a los zoomorfos representados en las pinturas esquemáticas bercianas. La figura presenta un trazo horizontal superior el que salen otros cinco trazos verticales que representarían las cuatro extremidades y el rabo del animal. Unos trazos paralelos a la izquierda de la silueta podrían representar la cabeza.


       Alejandro Fernández muestra la figura de Villarino del Sil. Junto a él, José Anglés, descubridor de los petroglifos de Ancares. (Foto M. A. González)


                 Detalle del posible zoomorfo de Villarino del Sil.(Foto M.A.González)
    Pinturas esquemáticas de zoomorfos en La escondida (Librán).(Foto M. A. González) 

Fue descubierto por D. Alejandro Fernández Díaz, quien informó también de la procedencia de la losa, que fue recogida por el antiguo dueño de la casa en un paraje con el topónimo sugerente de “La Escrita”. Parece ser que este lugar albergó más losas con grabados, algunas de las cuales fueron recogidas por otros vecinos de la localidad para utilizarlas en las construcciones del pueblo. Falta todavía un estudio en profundidad de la figura, que determine el estilo y ejecución del grabado y despeje las dudas sobre si es o no una representación zoomorfa, aspecto muy importante, teniendo en cuenta  la escasez de este tipo de representaciones en los grabados de la provincia.


La localidad de Villarino del Sil está situada en un contexto arqueológico relacionado con  vestigios mineros de época romana, donde se explotaron yacimientos auríferos como en tantos lugares de la provincia. Vestigios que en principio nada tienen que ver con el estilo del supuesto zoomorfo, que como se ha dicho presenta un diseño muy esquematizado y que parece trasladarnos a épocas muy anteriores.
Se debe insistir en la importancia de esta figura, pues demostraría una conexión muy evidente entre las pinturas esquematicas y algunos petroglifos con temática simiar, además de la ya mencionada importancia por el mero hecho de representar un zoomorfo, imágen casi inédita en la iconografía de los petroglifos leoneses.

domingo, 27 de noviembre de 2016

NOTICIA SOBRE EL DESCUBRIMIENTO DE INDUSTRIA LÍTICA PALEOLÍTICA EN ASTORGA


  Las excavaciones arqueológicas han revelado la dilatada historia de Astorga y su importancia en la antigüedad. Las Termas, el Foro, calles comerciales y casas decoradas con mosaicos exquisitos revelan días  pasados de gloria, y a pesar de que a muchos nos ha seducido la idea de que la ciudad pudo ser fundada siglos antes por los pueblos prerromanos, nos hemos ido rindiendo  ante la evidencia de que debajo de esos cimientos no han aparecido hasta el momento otros vestigios que demuestren con claridad un asentamiento anterior a la época romana. La realidad es que las evidencias conocidas nos hablan de una primera ocupación humana del territorio donde se asienta la ciudad de Astorga con una cronología cercana a los dos milenios y diseñada en principio como un campamento romano.
 Pero antes de dar todo por sentado debemos reflexionar sobre el tema de que la Historia que conocemos apenas ocupa una mínima parte de las aventuras del ser humano, ya que hay otras épocas de las que no tenemos referencias escritas y que se pierden en la noche de los tiempos prehistóricos. Unas épocas tan lejanas a las que llamamos con nombres tan sugerentes como  “La Edad de la Piedra Antigua”  o Paleolítico.
Esta convicción me ha permitido observar lo que me rodea con otra mentalidad, y para mi sorpresa he descubierto pruebas indiscutibles que demuestran ocupaciones humanas en el entorno de la ciudad de Astorga que se remontan a Paleolítico Inferior y Paleolítico Medio. Los yacimientos están situados relativamente cerca de la ciudad, aunque no facilitaré aquí su situación exacta para evitar posibles expolios (los descubrimientos han sido comunicados al Servicio Territorial de Cultura de la JCyL).
Estas evidencias consisten en instrumentos de piedra (industria lítica) fabricados sin ninguna duda por el hombre prehistórico, predominando los bifaces de varios tipos, raederas y otros utensilios necesarios para cortar carne, madera  o para procesar pieles en una época en la que el hombre (Homo) ni siquiera se apellidaba sapiens.
Al igual que podemos intuir la edad de una catedral por el estilo en la que está construida, los útiles de piedra prehistóricos también pueden ser analizados estilísticamente para poder  aventurar una cronología. Los estilos de la industria lítica que he localizado parecen coincidir con la forma de tallar las piedras definidos por la Arqueología como Modos 2 y 3, también denominados respectivamente Achelense  (propio del Paleolítico Inferior, con una cronología aproximada en la Península de 350.000 – 100.000 años a C), y Musteriense (Paleolítico Medio,  con un abanico cronológico de entre 150.000 – 35.000años a C.).


ÚTILES DE ESTILO ACHELENSE

Los útiles achelenses encontrados en las cercanías de Astorga son  más toscos y grandes que los musterienses, y la mayoría de las piezas son bifaces de varios tamaños con unas cotas medias que oscilan entre los 14 cm X 8 cm los grandes y los 9 cm x 5 cm los pequeños. Un bifáz es una herramienta de piedra tallada por las dos caras que se empleaba para diversas tareas, como cortar, cavar, como un arma etc. Hay también otros útiles lamados raederas, empleados seguramente para raspar y curtir las pieles, y otros utensilios de piedra con un filo y forma característico que los especialistas denominan “cuchillos de dorso”. Por último, aparecen núcleos de varios tipos y  lascas que se podrían encuadrar como restos y productos de talla.


                 Industria lítica de Astorga. Bifaces, lascas y otros útiles de estilo Achelense




Industria lítica de Astorga. Bifáz tallado en cuarcita

Aunque el estilo Achelense se remonta a los tiempos del Homo ergaster (el primer homínido que salió de África), se considera que en la Península fue Homo heildelberguensis el autor de estos utensilios en el Paleolítico Inferior. Sus restos están bien representados en Atapuerca, en especial un cráneo completo perteneciente a un individuo  al que los especialistas han bautizado como “Miguelón”. En la actualidad se considera a este tipo de homínido el antecesor del Hombre de Neandertal, aunque estudios recientes de ADN parecen plantear algunas dudas al respecto.

ÚTILES DE ESTILO MUSTERIENSE
 Los utensilios musterienses son más estilizados,  y como es típico de este periodo se busca la  obtención de la mayor cantidad posible de lascas afiladas hasta acabar el núcleo de piedra, que es ahora  abandonado cuando no puede proporcionar más material. Estos desechos de talla también son típicos del Musteriense y  son relativamente abundantes en el yacimiento. La pátina de estas piezas es más clara y están realizadas en cuarcita de grano fino casi exclusivamente,  lo que refleja una mayor selección a la hora de escoger la materia prima.  Se considera a  Homo neandertal “clásico”  el autor de este estilo en el Paleolítico Medio hasta el punto de que “Musteriense y “Neandertal” son utilizados a menudo como sinónimos. La gran mayoría de la industria encontrada son pequeñas y medianas piezas sobre lascas extraídas previamente, que luego se retocaban en función del tipo de trabajo a realizar con ellas. No aparecen en este tipo de cuarcita de grano fino los bifaces (tan abundantes en el estilo anterior) y predominan las raederas (ahora más pequeñas), las puntas (lascas apuntadas con filo, utilizadas seguramente como puntas de lanza) y otros útiles afilados o con muescas (denticulados).


Industria lítica de Astorga. Lascas, raederas, denticulados y otros útiles musterienses


Industria lítica de Astorga.  Útiles musterienses


El PROBLEMA CRONOLÓGICO

A la vista de los diferentes estilos y pátinas que presentan los útiles de piedra encontrados, las primeras conclusiones que se pueden sacar es que pertenecen sin duda a épocas diferentes, distintos periodos separados en el tiempo que permiten intuir una ocupación prolongada de este territorio por pequeños grupos humanos desde el Paleolítico Inferior al Paleolítico Medio. Siguiendo los mismos criterios utilizados por los especialistas en Prehistoria para estudiar las otras industrias leonesas, la industria achelense astorgana se puede paralelizar con los yacimientos cercanos de este periodo prospectados intensamente por Fernando Miguel Hernández hace 30 años  en las terrazas fluviales de los ríos Tuerto y Órbigo. Las conclusiones de su estudio fueron reflejadas en la carta arqueológica de la provincia y son citadas por Ana Neira y F. B. De Quirós en el tomo de Prehistoria y Edad Antigua  de “LA HISTORIA DE LEÓN” editada en 1999.
Estos autores plantean a modo de tentativa una propuesta cronológica para los útiles del río Tuerto cercana al Achelense Superior (-150.000 años), aunque recomiendan un estudio más exhaustivo de los yacimientos para determinar si los diferentes estilos son indicativos de épocas distintas o no. Después de 30 años las cosas siguen igual: sin estudio y con las mismas dudas.                                                                                  
Por otro lado, no podemos olvidar que los yacimientos burgaleses de Atapuerca están relativamente cerca de Astorga (200 Km en línea recta), y que las características especiales de conservación de los restos encontrados en las simas ofrecen a los especialistas la posibilidad de afinar mucho más las cronologías. La datación estimada de esos últimos yacimientos  no plantea discusión alguna en la actualidad, y se acepta una cronología aproximada de 400.000 años. En el yacimiento  de La Gran Dolina en Atapuerca se ha documentado la transición entre los periodos Achelense y  Musteriense en el nivel arqueológico TD10  hace 350.000 años, mientras que los niveles superiores TD11 y TD12 presentan industrias plenamente musterienses con una antigüedad estimada en 300.000 años.
Atendiendo a estas cronologías y con las debidas precauciones por los problemas que plantean este tipo de yacimientos al aire libre (cualquier resto orgánico que facilitase una datación más precisa ha desaparecido), se podría proponer una hipótesis inicial para la industria lítica encontrada en Astorga, que incluiría una ocupación de este territorio por grupos de homínidos a lo largo de un periodo que  comienza quizá a finales del Paleolítico Inferior, con la presencia de humanos del tipo Homo Heildelberguensis. Siguiendo los criterios de los especialistas citados anteriormente se puede intuir que estas ocupaciones pudieron ser esporádicas pero continuadas en el tiempo, a tenor de los extensos yacimientos asociados a los ríos cercanos (Tuerto y Orbigo) que demuestran que este territorio era considerado muy propicio por aquellas pequeñas comunidades humanas (confluencia de ríos, caza, zona de paso hacia otros territorios etc.) 
Queda por resolver la duda que se plantea al observar los diferentes estilos y tamaño de los útiles, la pátina distinta que presentan las piedras, o la distinta selección de materia prima. Incluso en los útiles de estilo Achelense se podrían subdividir en unos más arcaicos y otros más estilizados.
¿Significa esto que el yacimiento refleja una época de transición de los estilos Achelense – Musteriense? En ese caso pertenecerían a un mismo grupo de homínidos y a una época determinada en el tiempo.
¿Son el resultado de ocupaciones de diferentes especies de humanos, en épocas distintas y separadas quizás por cientos de milenios? Esta hipótesis explicaría los distintos grados de erosión de las piezas y las diferencias aún dentro de un mismo estilo. Esta propuesta, que a mí me parece la más plausible si consideramos el territorio como propicio para los humanos, incluiría unas ocupaciones esporádicas pero repetidas en el tiempo, con homínidos pre-neandertales como fabricantes de los útiles achelenses y ocupaciones posteriores con neandertales clásicos que dejaron tras de sí la industria musteriense.
Estos pudieron ser escenarios posibles, pero no se pueden descartar otros modos de ocupación, sobre todo si recordamos que los útiles musterienses más antiguos conocidos en toda Europa datados en 300.000 años fueron descubiertos  en el citado yacimiento burgalés de La Gran Dolina. Teniendo en cuenta esos datos, las cronologías propuestas incluso podrían ser atrasadas.


Bifaz de estilo achelense

Seguramente un estudio arqueológico más completo y riguroso de la industria lítica astorgana conseguirá aclarar alguno de estos aspectos, pero por el momento sabemos que estas industrias líticas demuestran sin ninguna duda la presencia del hombre paleolítico en este pequeño cerro sobre el que ahora se asienta la ciudad de Astorga. Quizá no aparezcan nunca los restos de las construcciones astures bajo los cimientos romanos, pero ahora sabemos que ese no es el final (o el principio, según se mire), porque cientos de miles de años antes de que el primer Homo sapiens pusiera un solo pie en estos parajes, otras especies humanas otearon el horizonte desde este promontorio en busca de presas. Suyas son las primeras hogueras, las primeras cabañas o los primeros gestos de asombro cuando alzaron su mirada y vieron elevarse sobre el horizonte la cumbre nevada del Teleno.
Igual que un panel con petroglifos nos puede transportar a épocas  prehistóricas, un utensilio de piedra fabricado por el hombre paleolítico puede llevarnos a mundos insospechados, tan lejanos que da vértigo solo imaginar la escala del tiempo en la que nos movemos. Escenarios en los que pequeños grupos de cazadores- recolectores se camuflan entre la vegetación a la orilla de un río para dar caza a sus presas cuando estas se acercan a beber.  Muerto el animal, deben darse prisa en descuartizar el cuerpo para transportar la carne a un lugar seguro antes que el olor a muerte atraiga a otros depredadores. En aquella época nuestras tierras eran habitadas por osos descomunales, hienas, grandes felinos, el inseparable lobo…  y el hombre paleolítico sabe que no es el centro de la naturaleza, solo una presa más que otros pueden comerse para cenar.


                                                            
                                                           Industria lítica de Astorga

 Las reconstrucciones de sus esqueletos en Atapuerca nos descubren humanos fornidos y atléticos, con  una capacidad craneal incluso superior a la que tenemos los sapiens.  Como dice J. M. Arsauaga en su libro “El collar del neandertal”:   “Imagino una partida de formidables cazadores de casi 100 Kg de puro músculo, vestidos con pieles de oso y armados con largas lanzas de madera con un extremo muy puntiagudo, ante quienes los leones se apartarían”    
Cierto es que estos vestigios prehistóricos no son inéditos y exclusivos, porque se relacionan como ya se ha visto con otros yacimientos cercanos, pero son los nuestros. Los que nos permiten descubrir un mundo perdido cuyos restos yacen bajo los cimientos más profundos de la ciudad.  Una sociedad culta e inteligente debe reconocer inmenso valor cultural de estos útiles paleolíticos, que serían la envidia de países y continentes enteros donde no se conocen vestigios tan antiguos (como por ejemplo en las dos Américas y en Oceanía). Una ciudad como Astorga, que vive  y presume  de tener una dilatada Historia, no puede permitirse el lujo de ignorar unos vestigios que quizá multipliquen por 150 sus dos mil años de ocupación humana conocida hasta ahora. Por eso debe preocuparse por que se haga un estudio riguroso dirigido por profesionales de la arqueología prehistórica que certifique la importancia de lo hallado, y a continuación  exponer las piezas en sus museos tan dignamente como se merecen.
 El avance continuo en la investigación sobre la evolución humana nos sorprende cada día con noticias sobre descubrimientos de nuevas piezas del puzle.  Hace pocos años la ciencia apenas conocía unos pocos datos sobre estos humanos que nos precedieron, pero los continuos descubrimientos en yacimientos punteros a nivel mundial como Atapuerca nos permiten ahora no sólo poner cara a aquellos individuos sino conocer incluso su mapa genético. Libros, películas, documentales, revistas, museos, exposiciones…. Una ola de sana curiosidad  sobre nuestros orígenes recorre el mundo inundando la imaginación de aquellos que quieren viajar en el tren del tiempo.  Ahora Astorga  tiene una estación donde se puede subir a ese tren con destino al Paleolítico, a los albores de la Humanidad.  

Bibliografía:
ARSUAGA J.L.  (1999 ) “El collar del neandetal”. Ediciones Planeta
ARSUAGA J. L. Y  MARTINEZ I. (2010) “La especie elegida”. Ediciones Planeta
BERNALDO DE QUIRÓS  F. Y NEIRA CAMPOS  A. (1999) “La Historia de León. Capítulo I Prehistoria.”  Universidad de León. 
MIGUEL  HERNANDEZ  F. (1985) “Avance al estudio del Paleolítico Inferior en Castrocalbón”  Revista Cultural del Instituto Comarcal de Estudios Bañezanos
NEIRA A.  (1987) “Nuevas evidencias del Paleolítico Superior en la provincia de León”  Diputación de León
RIVAS J. (2001) “ El tiempo de la piedra antigua. El Paleolítico en la provincia de León”     Revista  Argutorio nª 22


sábado, 24 de septiembre de 2016

CAZOLETAS EN LA CASA DE VULCANO

Hace varios años recibí el aviso de un buen amigo indicándome la existencia de una piedra con cazoletas situada en un edificio de la localidad de Posada de la Valduerna. En aquellos momentos estaba enfrascado en una intensa búsqueda de petroglifos en las rocas de la provincia, y me pareció que una piedra reutilizada podía esperar a ser analizada. El ritmo al que se sucedían los descubrimientos fue haciéndome olvidar aquella pista, hasta que a principios de este verano otro amigo volvió a recordármelo. Me enseñó una foto de la piedra en su teléfono móvil y en ese momento supe que me había equivocado al dejar para más tarde la intención de visitar el lugar. Así que este fin de semana puse remedio a mi error y me acerqué a conocer de primera mano aquello tan prometedor que se veía en la pequeña foto que me mostraron.
Me desplacé a Posada y Torre de la Valduerna , concretamente al Museo de la Herrería, donde se localiza la roca incrustada en la pared exterior de piedra  que sujeta una verja de hierro realizada "a puro fuego y remaches, sin una sola soldadura", como me explicaron los propietarios del museo.


El Museo de la Herrería en Posada de la Valduerna

El Museo de la Herrería se encuentra ubicado en la antigua fragua del señor José Martínez, la persona que la puso en marcha hace muchos años y que se ha salvado de la ruina de los años gracias a la voluntad de su hija Paquita Martínez y el marido de esta, D. Antonio García. Jubilados los dos, han rehabilitado con sus propias manos el edificio, fabricando incluso adobes para que la restauración fuera lo más fidedigna posible, hasta conseguir que las chispas volvieran a  centellear en la vieja fragua. Con mucha pasión y sin ninguna ayuda han creado un lugar didáctico donde se recuerda el oficio de Vulcano y los antiguos aperos de labranza que allí se construían y reparaban.
Hace cuatro años Paquita Martínez encontró semienterrada una curiosa piedra de cuarcita y le pareció que quedaría muy bien en la pared exterior del museo que su marido estaba construyendo para sujetar la verja de forja artesanal. Cuando estuvo colocada, leyeron noticias de que estaban apareciendo varios petroglifos en la provincia y comprendieron que quizá aquellas oquedades labradas en la piedra podían ser cazoletas prehistóricas.


Doña Paquita mostrando la losa con cazoletas

La losa tiene unas dimensiones aproximadas de 0,80 x 100 cm. La cara colocada al exterior de la calle contiene unas 128 cazoletas, de la cuales 16 son de forma oval. También hay al menos media docena de surcos. Un panel muy interesante sin ninguna duda.


Cara exterior de la losa donde se localizan mayor cantidad de grabados.

La cazoletas ovales son al menos el doble de profundas que las cazoletas simples. Unas tienen una forma elíptica casi perfecta, mientras que otras son producto de la unión de dos o tres cazoletas más pequeñas. Los surcos son también muy profundos y presentan la mismas características que las oquedades ovales, es decir, unos son surcos "puros" y otros son producto de la unión de varias cazoletas. La técnica utilizada parece ser el piqueteado para las cazoletas simples, mientras que las ovales presentan una superficie muy pulida y pudieron ser realizadas por abrasión.

La cara opuesta colocada hacia el interior del patio del museo contiene también cerca de un centenar de cazoletas de tamaño más pequeño. Hay dos cazoletas unidas y no se observan surcos ni grabados ovales. El hecho de que la laja presente las dos caras decoradas sugiere que pudo estar colocada verticalmente. Son interesantes también las diferencias de forma y tamaño de las dos caras de la losa. Las técnicas son similares, lo que sugiere que todos los grabados son coetaneos.




Cara situada al interior del patio del museo. Nótese las cazoletas semi-tapadas por la piedra vertical.


El contexto histórico de los grabados se ha perdido para siempre como suele suceder con la mayoría de las piedras reutilizadas, pues aunque doña Paquita recuerda haber encontrado la losa cerca del río Duerna a su paso por el pueblo es muy posible que este no sea su lugar original, pues la zona en la que apareció fue utilizada en el pasado para depositar escombros procedentes de los derribos de las antiguas casas del pueblo.
La labor que realiza esta familia manteniendo vivo el espíritu de la vieja fragua es encomiable, dedicando su tiempo y esfuerzos a enseñar el museo a todo aquel que lo solicite sin animo de lucro alguno. Doña Paquita me confesó que se sentía un poco sola en esa labor y que no recibe ningún tipo de ayuda. Hace años que solicito que su fragua- museo fuera incluida en la Red de Museos de la provincia para que este espacio didáctico fuese mas conocido y visitado. No sabe si eso será posible o no, porque han pasado los años y nadie le ha contestado.
Aunque el emplazamiento actual quizá no sea el más indicado debemos felicitarnos, porque si estos grabados no hubieran sido rescatados se habrían perdido para siempre bajo los aportes sucesivos de más escombros. Es posible también que el Museo de la Herrería incremente las visitas gracias a estos grabados, y que Paquita no esté tan sola en su labor como le parece. A veces creemos que hemos descubierto algo, y sin embargo somos nosotros los encontrados.





miércoles, 16 de diciembre de 2015

LAS PEÑAS DEL CABALLO DE SANTIAGO EN VILLAR DEL MONTE



Hace unos meses recibí un aviso de un vecino de Villar del Monte en La Cabrera Alta (Ayuntamiento de Truchas) donde me comunicaba que en esa localidad había unas rocas con grabados que, aunque ya eran conocidos por los vecinos desde siempre y que hay una leyenda ancestral sobre ellos, permanecían olvidados de la mano de Dios y de los hombres. Juan Luis Puerto refleja esa leyenda en su libro "Leyendas de Tradición Oral en la provincia de León", como pude observar al leer este artículo sobre Las huellas del caballo de Santiago  en el blog de Miguel Ángel González. 
Los grabados se encuentran situados en la margen izquierda del río Eria, en un lugar denominado por los vecinos de Villar como "La Puente de la Veiga". Hace mucho tiempo hubo en este lugar una puente (en cabreirés, como en gallego, los puentes son femeninos). Era de madera con los típicos postes clavados en el río, y una estructura de tablas por la que se cruzaba al otro lado. "La Puente" desapareció hace años  por los efectos de una riada, y fue sustituido por un masculino puente de hormigón que ahora ya no cruza casi nadie.
Juan Manuel Martínez, que así se llama la persona que me avisó de la existencia de los grabados, me dijo que  los pocos vecinos que quedan en Villar, llaman a esas rocas "Las Peñas del Caballo de Santiago" en alusión a las herraduras que aparecen representadas.  Su padre me contó también la existencia de una leyenda que explica que "las herraduras fueron dejadas por el caballo del Patrón Santiago cuando dio un gran salto desde allí hasta la vecina localidad de Manzaneta de Cabrera". Le pregunté si se conocían en Manzaneda las huellas del "aterrizaje" pero me dijo que allí no se conocía nada parecido. Una pena, porque a veces esta leyenda tan típica da pistas para encontrar nuevos grabados.

Para acceder a la zona hay que cruzar el puente sobre el río Eria, y caminar unos pocos metros aguas abajo por un estrecho sendero y enseguida encontraremos unos afloramientos de roca cuarcítica. El primer panel es una roca situada a la izquierda del sendero, y se aprecian con dificultad multitud de cruciformes, como si fuera la típica arca que delimita los lindes de algunos pueblos.


Me quedé hasta el anochecer y saqué unas fotos con luz rasante artificial, y así pude apreciar que los cruciformes dominan el panel con más de treinta cruces de trazo simple, y media docena de cruces más elaboradas.  Hay también media docena de figuras con forma de herradura, algunas con cazoleta central y cuatro cazoletas sueltas, una de ellas de buen tamaño y en la zona central del panel. En la parte superior de la roca se aprecian con dificultad trazos muy erosionados que podrían corresponder a herraduras, y sobre ellos se superponen los surcos más vigorosos de los cruciformes.  



Unos pasos más adelante yace una roca tirada en el medio del sendero, por la que pasan a menudo las vacas y otro ganado suelto que resbalan al pisar  su superficie inclinada, marcándolo con restos de las pezuñas. Al igual que la primera roca aparece totalmente decorada con grabados, pero con la particularidad de que aquí los cruciformes no son en absoluto los principales (solo una pequeña cruz testimonial, dudosa incluso). El resto está representado por cerca de 60 figuras semicirculares o herraduras, muchas de ellas con cazoleta central. En la zona izquierda del panel las herraduras forman una alineación al estar representadas muy juntas y con una misma dirección. 




En la zona central del panel, y superpuesta a los grabados semicirculares descubrí gracias a las fotografías nocturnas la inscripción "AÑO DE MDCC". Varias herraduras subyacen bajo las dos últimas letras, dándoles el aspecto de una "ç". Hay también un trazo triangular alargado que recuerda vagamente a la punta de una espada o alabarda, aunque no se observa empuñadura alguna. 








Un poco más adelante de este panel hay bloques de cuarcita escalonados, y tanto en las superficies verticales como horizontales hay también herraduras  y algunas figuras cruciformes, destacando por su diseño una cruz con círculos en sus extremos e intersección, y sobre todo un cruciforme grabado con figuras romboidales aunque incompleto en la zona superior, un diseño inédito en toda la provincia. 






Se da la circunstancia que a la izquierda de esta última figura hay otra agrupación de herraduras alineadas de manera ascendente, un diseño que ya vimos en el panel más importante de esta estación rupestre y que tiene un paralelo muy claro con un panel que descubrí en en el año 2008 en Chana de Somoza, y que bauticé con el nombre de "Peñaferrada". En ambas estaciones rupestres las herraduras predominan sobre los cruciformes, los semicírculos presentan a menudo un punto o cazoleta interior, y las agrupaciones forman líneas ascendentes.

Peñaferrada, en Chana de Somoza


Es muy complicado aventurar una cronología para estos grabados. La presencia de cruciformes apoyaría una teoría medievalista, aunque no se puede olvidar el hecho de que en todas las superposiciones de figuras que he observado siempre es el semicírculo el que subyace al cruciforme (como también sucede con la inscripción "Año de 1700"). Esta circunstancia me obliga a considerar que  los semicírculos o herraduras fueron grabados con anterioridad a los cruciformes. El lapso de tiempo transcurrido entre unas y otras figuras es imposible de precisar por el momento, pero un escenario perfectamente posible es que las herraduras se pudieron haber grabado en tiempos protohistóricos o en los primeros momentos de la Historia, y que siglos después sociedades católicas cristianizasen el lugar grabando cruces encima de los símbolos que ellos consideraban paganos. Incluso la forma en la que aparecen los grabados (cruciformes en una roca y semicírculos en la otra) sugieren universos y creencias diferentes. 
Se ha discutido mucho sobre las figuras con forma de herradura, y muchos especialistas no dudan de su datación medieval por el mero hecho de aparecer junto a cruciformes. Se debe tener en cuenta no obstante que las leyendas medievales que relacionan las herraduras con las huellas del caballo de Santiago o cualquier otro héroe (El Cid, Roldán etc) vienen a explicar (como todas las leyendas) algo que en ese momento no tenía una explicación coherente, y eso a mi modo de ver indica que en tiempos medievales ya existían los grabados. Si esto pudiera ser demostrado, a la fuerza deberíamos retrasar su datación a la Historia Antigua o incluso a la Protohistoria.


Fíbula celtíbérica de Palenzuela. Foto Museo de Palencia

A pesar de que se conservan infinidad de restos epigráficos medievales (estelas, lápidas estatuas, decoración de vasijas, iglesias etc) la figura semiciírcular apenas aparece representada (algunos símbolos lunares bajo los pies de representaciones marianas y poco más).
Hay sin embargo un paralelo muy claro en una fíbula de caballito celtibérica fechada en el siglo III adC. que se encuentra en el Museo de Palencia. Esta pequeña figura de bronce demuestra que a veces, las cruces (como los árboles) nos pueden impedir ver el bosque.

Mi agradecimiento una vez más a Juan Manuel Martínez y a los vecinos y enamorados de Villar del Monte, por su lucha por dignificar su pasado. La conservación de la arquitectura popular, la restauración de hornos centenarios, la señalización de antiguas labores mineras romanas y otras muchas inquietudes culturales demuestran que mientras quede un solo habitante orgulloso de sus orígenes los pueblos no morirán.   






domingo, 6 de septiembre de 2015

LOS GRABADOS MEDIEVALES DEL MOLINO BARREÑO


Hace unas semanas recibí un aviso sobre unos grabados muy diferentes a los que hasta ahora han aparecido en Maragatería. Mis amigas Mirian de Cabo e Isasy Cadierno los localizaron en una de sus excursiones.No es extraño este hallazgo por su parte, pues además de haber nacido en la Somoza (son de Lucillo y de Molinaferrera respectivamente) se han involucrado en investigar y descubrir todo aquello que permanece oculto en la sierra del Teleno. No es la primera vez que localizan restos importantes pues no hace mucho descubrieron vestigios relacionados con las explotaciones romanas del oro. Entonces contactaron con Roberto Matías  quien certificó la importancia del hallazgo.

Los grabados a los que hace referencia este post se encuentran situados en la confluencia de dos pequeños arroyos estacionales, ya que en cuanto llegan los calores del verano se secan los dos, dejando visible varias figuras que en invierno permanecen ocultos bajo las aguas.
Hay otros grabados en las rocas cercanas al cauce. El primero de ellos se localiza en un bloque de cuarcita de buen tamaño y aunque coincide con el estilo de los demás, presenta una pátina y acabado de aspecto moderno, como si hubiera sido repasado en épocas actuales. Se trata de un círculo adosado a un semicírculo.


Hay otros dos grabados situados en las pizarras que afloran por encima del cauce. Uno de ellos está incompleto al haberse desprendido la zona superior de la pizarra.Es un símbolo compuesto por un cruciforme adosado a un semicírculo con una línea central, a modo de tridente. Un desconchón superior sugiere que el símbolo pudo tener más tamaño, aunque nunca podremos saber la forma en la que se prolongaba. Pudo ser un círculo completo, pero ahora eso es sólo pura especulación.



La otra figura es también compuesta. Se trata de un cruciforme adosado a un semicírculo. De esta zona inferior parten varias líneas hacia la zona derecha, recordando vagamente una composición similar a las marcas o hierros con los que los ganaderos marcan su ganado, aunque estos símbolos pueden pertenecer a ámbitos totalmente diferentes a los relacionados con la ganadería. Por ejemplo, también guarda cierto parecido con la representación del planeta Saturno.



Situados ya en el cauce del arroyo, Mirian e Isasy localizaron varias figuras grabadas en la roca pulida por las aguas. Los dos primeros se encuentran en una superficie de pizarra. Uno de ellos se compone de dos figuras triangulares que se superponen, formando en la intersección otro triángulo más pequeño. Un trazo horizontal recorre la base de la figura.


Junto a este grabado triangular se encuentra una de las figuras más enigmáticas de la estación rupestre. No tiene mucho tamaño, pues apenas alcanza los 20 cm. de diámetro. Se trata de una cazoleta central de la que parten radialmente ocho líneas que forman una figura con forma de estrella. Todas estas líneas están decoradas en su extremo por otras tantas cazoletas. Su interpretación es complicada, pudiendo ser una representación solar o de otra estrella. 





Cerca de allí hay otras dos figuras, las más grandes en tamaño de la estación. Una de ellas es un círculo con una cruz en su interior. Los surcos tienen una profundidad suficiente para haber resistido el paso del agua en el invierno. A su lado hay otro símbolo compuesto por un cruciforme rematado por un círculo y un semicírculo.







Mirian e Isasy también cayeron en la cuenta de que la mayoría de estos símbolos se pueden asociar con la representación de los planetas. Siguiendo esta teoría, se pueden apreciar claramente los símbolos astronómicos de Mercurio, la Tierra y quizá Saturno. Otro de los símbolos también se parece mucho a Neptuno (en el caso de los dos primeros y el último las figuras son exactas).




Debo confesar que las coincidencias astrológicas son más que evidentes, aunque cueste encajar estos símbolos representados en unas rocas maragatas . El topónimo del lugar es "Molino Barreño", y aunque nadie en la zona recuerda ninguna construcción en la zona, no es descartable la ubicación de un molino hidráulico similar a los que todavía quedan en la comarca. Hay que señalar que el punto donde se localizan los grabados es la confluencia de los arroyos de "Valle Henares" y "Valdellamas". Al arroyo resultante se le denomina "del Obispo", lo que unido al topónimo "Molino Barreño" resulta bastante revelador. No sería tan extraño que un molino fuera emplazado en ese lugar en época medieval, y como suele ser habitual en estos casos las rocas cercanas hubieran sido grabadas con símbolos diversos, aunque la iconografía "astral" no deja de ser extraña en este contexto. Otro misterio más que nos muestra esta Maragatería recia y enigmática.





Sea como fuere, lo que no admite duda es la implicación de las gentes maragatas, como Mirian, Isasy y tantos otros, que viendo el abandono al que las autoridades patrimoniales someten a esta tierra, han decidido ellas mismas sacar a la luz los vestigios de sus antepasados. Sus orígenes.