domingo, 22 de diciembre de 2013

NUEVAS EVIDENCIAS DE PETROGLIFOS...(II)


En el pasado mes de julio de este 2013  publiqué un artículo en este blog titulado "Nuevas evidencias de petroglifos y altares rupestres en Maragatería (1)". El descubrimiento de los primeros petroglifos en el Bierzo retrasó un poco la publicación de la segunda entrega sobre estos grabados inéditos situados en Maragatería.
Al igual que los de la primera parte, los petroglifos han sido descubiertos por mi buen amigo Mark Raes. Ya hemos comentado en post anteriores la relación de Mark con Maragatería y con su historia, hasta el punto que se ha convertido en un maragato más.
La primera estación rupestre que os presento se encuentra situada a medio camino entre las localidades de Andiñuela y Prada de la Sierra, asomada a un valle por donde discurre el río Prada.




La roca está compuesta de pizarra esquistosa y aflora como un batolito entre la vegetación de la zona compuesta por robles y monte bajo. Con toda seguridad este lugar fue aprovechado por el hombre hasta tiempos recientes, pues presenta abundantes recursos para el ganado (pastos y agua); además de un indudable valor cinegético. Con el abandono de las prácticas agrícolas y forestales (los pueblos aquí si no están muertos, están heridos de muerte) la naturaleza impone su ley cerrando caminos, derribando cercas y repoblandootra vez la zona de corzos, ciervos y lobos, como seguramente la conocieron aquellas poblaciones prehistóricas que por primera vez se asentaron aquí.
Las figuras representadas confirman otra vez el estilo predominante: cazoletas y surcos. No se observan otros signos como cruciformes o firmas de pastores, y todas las figuras presentan una pátina antigua y erosionada, en especial la zona superior que ha sido colonizada por líquenes de varios colores que realzan más si cabe la belleza de la estación rupestre. Las cazoletas están distribuidas por la zona superior y descienden por  uno de los laterales. El otro lateral apenas presenta grabados.





Como se puede ver hay una cazoleta que destaca sobre las demás. Está situada en la parte más alta del afloramiento y es la más grande y profunda. Además tiene el típico surco se salida, aunque curiosamente está orientado al costado de la roca que tiene menos grabados. Esta es la zona más bonita del afloramiento con musgos y líquenes de varios colores. Ya sabéis, prohibido eliminarlos.... 



Si se observa atentamente el costado por donde están representadas más cazoletas, hay un largo surco que desciende desde la zona superior hasta la base uniendo unas cuantas cazoletas. El tamaño de las mismas perece disminuir a medida que se acerca al suelo y la figura resultante es una línea serpenteante que se amolda a las irregularidades de la roca. Como las cazoletas van aumentando de tamaño, la impresión es que la línea es más fina en un extremo que en el otro. Este aspecto unido al discurrir serpenteante de la figura (al contrario que en otras estaciones rupestres en las que las líneas son más rectas) me anima a considerar la posibilidad de que sea un serpentiforme. Esta interpretación quizá sea un poco subjetiva (otros pueden ver una representación estelar, por ejemplo), pero creo que en estos casos la explicación más lógica y sencilla es la correcta, y las leyendas ancestrales nos hablan de cuélebres, dragones y bichas, no de constelaciones. 







Por otro lado y como ocurre en otras estaciones, la disposición descendente de las cazoletas y el surco que las une facilitaría la conducción hacia el suelo de un líquido vertido en la zona superior. La pregunta que se plantea es si nos encontramos ante la simple representación de una serpiente o ante un espacio ritual con forma -o dedicado a- este legendario animal. Otra pregunta lógica sería porqué el el serpentiforme asciende hasta el borde mismo de la cazoleta principal y sin embargo no conecta con ella.


La otra roca con petroglifos se encuentra relativamente alejada de las anteriores (aunque en su ámbito de influencia), concretamente al norte de Rabanal del Camino, el pueblo donde Mark ha decidido construir su casa y quedarse para siempre en esta tierra. Aparentemente no es tan espectacular como las anteriores, pero me parece muy interesante por la zona donde ha aparecido, porque confirma el estilo y constata la realidad de que la mayoría de los emplazamientos que se han descubierto en la provincia se sitúan en las inmediaciones de valles propicios para la caza y la cría del ganado. Generalmente se suele escoger lugares elevados desde los que se divisa un amplio panorama, dentro de las limitaciones que plantean estos pequeños y encajados valles.   




Como se puede ver en la foto anterior (una vista del afloramiento desde el valle), los círculos destacan dos zonas con cazoletas, una situado el la parte inferior junto a una oquedad o pequeño refugio (apenas coge una persona recostada). Hay distribuidas unas cuantas cazoletas en las superficies horizontales, en la parte más alta hay tres cazoletas (una de ellas ovalada) que recuerdan un rostro humano (ojos y boca), pero presentan una pátina más moderna, como si hubieran sido hechas o repasadas quizá por un pastor de la zona en tiempos más recientes. La apariencia y disposición del grupo de cazoletas inferior parece perfectamente prehistórico, aunque alguna de ellas podría haber sido añadida en época contemporánea. 





En la zona superior del afloramiento hay grabadas otra docena de cazoletas y aparentemente no hay surcos ni otros signos. Todo el panel aparece muy erosionado, sin la impresión de añadidos de la zona inferior. Desde este lugar se domina esta zona del valle (más otro tanto a la izquierda que no sale en la foto) y se pueden vigilar a los animales domésticos y salvajes, según se tercie.






Hace cuatro años apenas teníamos evidencias de petroglifos en la provincia de León, y ahora podemos permitirnos el lujo de conocer las nuevas estaciones rupestres de dos en dos. 
Que dure, gracias otra vez a Mark y felices fiestas para todos.



jueves, 7 de noviembre de 2013

LOS SÍMBOLOS GRABADOS EN EL CASTRO DE SOPEÑA

  Este artículo fue escrito como una colaboración al boletín cultural Revista de la Cepeda                       

Conocido en la antigüedad con el hermoso nombre de “Petra Leve”, el asentamiento prerromano situado en la localidad de Sopeña se yergue sobre el horizonte como un velero que cabalgase las olas. En lo más alto, como si fuera el puesto de vigía, se alza un farallón de cuarcitas que desciende casi verticalmente hasta el río Tuerto. Quizá el Homo neandertal y sus antepasados los Homo heidelberguensis  cruzaron en un remoto verano del Paleolítico Inferior el rio cuando este pasaba por encima del castro, pero después de incontables riadas  las aguas han buscado su cauce por el estrecho pasillo ganado a las cuarcitas que allí se encontraron.
El resultado es un promontorio defendido por la altura de las rocas y por el propio río. Estas coincidencias geológicas fueron aprovechadas por nuestros antepasados prehistóricos  para situar sus poblamientos, que si bien en el Neolítico final y principios de la Edad Del Bronce se situaron en los valles recién domesticados y de fácil acceso, fueron paulatinamente fortificándose, enrocados en promontorios como este. La ladera aterrazada orientada al sur no es más que la consecuencia de la disposición de las cabañas que en su día formaron un entramado habitacional bastante irregular, comparado con la ordenada traza romana que pudo tener siglos después, cuando las legiones de Augusto sometieron al pueblo astur y romanizaron el asentamiento.
Es complicado hablar de cómo pudieron haber sido las cosas en Petra Leve hace dos o tres milenios, y más con la ausencia casi absoluta de datos arqueológicos  o excavaciones que pudieran guiarnos en ese sentido. En todo caso, es de suponer un origen astur al asentamiento, y que después de la conquista romana  pudo pervivir  al amparo de la cercana Asturica Augusta. Esta cercanía y los productos agropecuarios de la vega del rio Tuerto debieron originar un comercio continuo y productivo que,  ya en tiempos de la Pax romana, pudo aumentar los límites del castro primitivo, extendiéndose  el núcleo de población ladera abajo. Si alguna vez se realiza un estudio del lugar, no sería extraño encontrar restos de aquellas construcciones cerca de la carretera  e incluso al lado del río.
De las rocas que coronan la parte más alta del castro destaca la conocida “Peña de Santiago”, rematando el farallón cuarcítico y con un plano horizontal orientado al oeste.  En esta superficie se encuentran grabadas las famosas herraduras que según la leyenda popular se atribuyen a las huellas de las herraduras del patrón Santiago.


     La Peña de Santiago coronando los bloques de cuarcita. Vista desde Presarrey

 A principios de los años 50 del siglo pasado  Luis Alonso Luengo  escribió un artículo titulado  "Elementos paganos y heterodoxos en el León antiguo", donde a su vez se citan varios trabajos de  José María Luengo al respecto de este tema:

"Es curioso notar que el contorno todo de esta comarca se envuelve en una atmósfera sacerdotal, como se delata en el Castro de Sopeña, a tres kilómetros de Astorga, con sus leyendas religiosas, antiguas y medievales, y donde en la peña cortada a tajo sobre el río, aparecen siete marcas talladas, en forma de herradura, "representaciones del ídolo femenino símbolo de la fecundidad, en su estilización dentro de la fase del periodo eneolítico y renovada después bajo la cultura celta-astur", según descubrió José Mª Luengo ("Notas para la Historia de León y su Provincia" y "El Castro de Sopeña", en el Pensamiento Astorgano, 6 de Septiembre de 1951), marcas que, según Luengo, nuestro máximo arqueólogo leonés, aparecen también en otros lugares de la provincia, y que si, al cristianizarse la zona, se asocian siempre a la leyenda de Santiago, y a la fascinación del Camino Jacobeo, (como en Sopeña, donde se atribuyen a señales de las herraduras del caballo de Santiago, que afincado en la peña saltó sobre Astorga, cayendo al otro lado de la ciudad, en un prado donde, al posarse el caballo, manaron cuatro fuentes -una de cada herradura- que son las llamadas "Fuentes de Santiago"), todo ello revela - según José Mª Luengo- "una pervivencia cristianizada de las religiones primitivas".
La tradición popular asegura también que en el momento del salto se le cayó el manto  (en otras versiones el manto sería de la Virgen), brotando al instante flores en la pradera y nenúfares en el río.


                                      Una de las herraduras o semicírculos de la Peña de Santiago


En la actualidad la zona está francamente deteriorada, con los restos  de la antigua vivienda del guarda de la Confederación Hidrográfica que regulaba la apertura y cierre de los canales de riego, casetas abandonadas y una imponente estructura metálica que se supone que es un pararrayos que ya no protege nada. A pesar de todo esto y de las pintadas grafiteras que afean el lugar  y retratan a los responsables, el entorno conserva el encanto y la magia de los lugares especiales, y desde siempre  ha sido utilizada como zona de baño en verano, paseos románticos y domingos tortilleros. Es costumbre también subir a lo más alto de las rocas a localizar las herraduras y admirar la vista panorámica que desde allí se divisa.
   Quizá por eso la Peña de Santiago posee hoy unos cuantos símbolos más grabados en la roca. La mayoría son de época reciente y algunos de ellos realizados por personas  con evidentes conocimientos sobre cantería, y a buen seguro con herramientas específicas para ese fin.  Una decena de grabados salpican la roca principal y alguna de las adyacentes, con símbolos de buena factura pero de pésimo gusto, con diversa simbología oriental y egipcia que “chirría” nada más contemplarla,  además de alterar el aspecto original del yacimiento.





                                       Algunos de los símbolos recientes de la Peña de Santiago

Teniendo en cuenta que las referencias antes citadas solo hacen mención a los 7 semicírculos o herraduras (en la actualidad casi invisibles), se acepta sin reservas que todos los demás grabados son añadidos en épocas muy recientes, y así puede ser en la mayoría de los casos, salvo algunos en los que se plantea alguna duda y otros inéditos hasta el momento y  que he podido localizar en una búsqueda más minuciosa. 
El primero de ellos es una cazoleta que aparece en la superficie horizontal y principal. No es citada  por Luis Alonso ni por José María Luengo, pero la pátina y los líquenes que la recubren demuestran una cierta antigüedad, la suficiente para que al menos estos historiadores la hubieran visto.  En mi opinión esta cazoleta puede ser contemporánea a la época prerromana del castro (Edad del Hierro), opinión que se afianza con el descubrimiento en una superficie horizontal de las rocas inferiores de una docena de cazoletas, algunas formando hileras y otras agrupadas, en algún caso tan juntas que han originado un desconchón en la roca con forma de trébol.
 Este petroglifo no debe de sorprender  en un entorno castreño, pues los altares con cazoletas pervivieron desde los tiempos neolíticos hasta la llegada del Imperio Romano. Los pueblos astures que lo habitaban en ese momento son el resultado de la integración de la cultura indígena anterior con las de las sucesivas oleadas de pueblos centroeuropeos. En estos lejanos territorios también se han documentado altares con cazoletas, por lo que en ese sentido podemos hablar de una cierta continuidad cultural, como así lo demuestran otras cazoletas que aparecen en otros yacimientos cercanos como las del Castro Encarnado de Cuevas.  




                                Una cazoleta aislada, posiblemente contemporánea de las herraduras.



                  Cazoletas agrupadas y formando líneas, talladas en una de  las rocas inferiores del castro



        Hay otro símbolo con forma de rombo con una cruz inscrita en su interior que necesitaría un análisis más pausado antes de incluirlo en la categoría de los grabados recientes. Las dudas en este caso son planteadas al coincidir con otros símbolos representados en el ya citado Castro Encarnado de Cuevas.  Al menos en cuatro ocasiones lo podemos localizar en este asentamiento de similares características (prerromano y romanizado después). Esta coincidencia debe hacernos plantear una cronología mucho más tardía (castreña o medieval) de este símbolo, y en todo caso alejada de los tiempos contemporáneos de los otros grabados.    


 
                                                  Rombo con cruz incisa. Castro de Sopeña


                        Una de las 4 figuras similares a la anterior del Castro Encarnado de Cuevas.


Hay una última figura que plantea las mismas dudas y que está situada en la Peña de Santiago, también junto a las herraduras y casi tan invisible como ellas. Se trata de un cruciforme de pequeñas dimensiones y cubierto totalmente por líquenes. Con unas medidas que apenas sobrepasan los 5 x 3 cm presenta un diseño muy sencillo que puede encajar en varios periodos. La parte superior es una cruz normal con los brazos en ángulo recto, y en la parte central del mástil sobresalen dos líneas con un ángulo aproximado de 40º. El mástil se prolonga en la parte inferior y se aleja de las dos líneas centrales.  No hay una base que cierre el típico triángulo de una supuesta cruz con peana.
Si bien el cruciforme puede interpretarse como un símbolo cristiano (en ese caso su cronología oscilaría entre la Baja y la Alta Edad Media), hay una serie de circunstancias en contra de esa adscripción, como son su diminuto tamaño y la total ausencia de otras cruces (en esa roca y en todas las demás). Tampoco tienen mucha explicación las líneas laterales oblicuas, pues solo hay que mirar la foto para darse cuenta que la base triangular que formarían sería tan grande como la propia cruz.     
          


La otra posibilidad es que se trate de una representación humana, lo que en la Arqueología  se denomina “antropomorfo”, y bajo este prisma las cosas parecen encajar mejor. Aquí no importa el pequeño tamaño, pues las representaciones de este tipo de figura no solían  hacerse para ser vistas desde lejos, y representaban más bien universos simbólicos restringidos a unos pocos individuos conocedores del “ritual”. Las líneas oblicuas antes mencionadas formarían las piernas, una de ellas ligeramente arqueada. Es obvio decir que la línea central que se prolonga por debajo representa el sexo de la figura. Comparando las tipologías de las cruces cristianas y las de los antropomorfos con forma de cruz, no se encuentran parecidos razonables entre las cruces religiosas, mientras que sí se encuentran paralelos en la de los antropomorfos. Concretamente la figura encajaría con el denominado “antropomorfo típico- sexuado”, si bien tengo que reconocer que en este caso hablaríamos de  “muy sexuado”. Es lo que hay…
Si  consideramos esta figura como un antropomorfo su cronología sería mucho más tardía, pudiéndose vincular a los orígenes prerromanos del castro en la Edad del Hierro. Al contrario que las cazoletas (que incluso pudieron haber sido realizadas por culturas prehistóricas anteriores a los astures), parece realizado con un instrumento de metal afilado, necesario para grabar líneas tan finas en la dura cuarcita.      
Quizá algún día sepamos a ciencia cierta el origen de esta figura, pero mientras tanto a mí me gusta pensar que es el cepedano  más pequeño y antiguo de nuestra querida tierra, y que desde su atalaya de cuarcitas doradas vigila desde la noche de los tiempos el vuelo de los vencejos mientras escucha, a sus pies,  el rumor del rio Tuerto.        


domingo, 25 de agosto de 2013

PETROGLIFOS EN EL BIERZO (POR FIN)


Ha pasado un lustro desde que los primeros petroglifos maragatos fueron descubiertos, y durante todo este tiempo se ha ido generado en toda la provincia un gran interés y una especial sensibilidad hacia este tipo de manifestaciones rupestres prehistóricas. Esta implicación por parte de muchas personas ha propiciado que se incremente el número de estaciones rupestres conocidas, aflorando así un legado milenario hasta ahora oculto en las rocas.
 Sin embargo, me parecía especialmente extraño el hecho de que hasta ahora no se hubiera tenido constancia de ningún petroglifo en el Bierzo.  La fosa berciana es un paso casi obligado que comunica las tierras del Duero y la meseta central con Galicia, esta circunstancia unida a su extensión y cercanía a los petroglifos gallegos hace de la comarca un lugar faborable a estas manisfestaciones, al menos estadísticamente. 
Este desconocimiento en lo que concierne a grabados prehistóricos no afecta sin embargo a otro tipo de manifestaciones  como son las pinturas rupestres realizadas en las pequeñas cuevas y abrigos de los riscos de cuarcita. Las pinturas abarcan un repertorio de figuras muy esquematizadas, con gran variedad de antropomorfos, zoomorfos (cuadrúpedos), soliformes, ramiformes (con forma de ramo vegetal),  símbolos geométricos (círculos, reticulados etc) y otras figuras abstractas de difícil clasificación.
 El hecho de que ambas manifestaciones rupestres -pinturas y petroglifos- hayan sido encuadradas en la misma cronología (el calcolítico) hacía mas inaudita la ausencia de los grabados bercianos.

Pues bien, resulta que el escenario anterior ha quedado modificado por el descubrimiento de varios paneles con petroglifos aparentemente prehistóricos en la localidad de Santa Marina de Torre.





 Hace unos meses  Juan Carlos Garrido localizó unas rocas grabadas con cazoletas y otros símbolos en las cercanías del pueblo, al lado del camino y casi a tiro de piedra de las casas. Juan Carlos Garrido supo reconocer de inmediato la importancia de los grabados y se puso en contacto con la asociación cultural "Carqueixa del Bierzo" de Santa Marina de Torre. Ellos a su vez me pusieron en contacto con mi tocayo Juan Carlos y propiciaron la visita los grabados. Además han organizado diversas actuaciones encaminadas a proteger y adecuar el entorno de las estaciones rupestres, como son la de enseñar a los propios vecinos la importancia cultural e histórica de los petroglifos.
Los paneles se encuentran separados en dos estaciones rupestres distintas (aunque cercanas entre sí) y al lado de los respectivos caminos que discurren a pocos metros de los grabados.
La primera roca con petroglifos se encuentra en el paraje denominado "Las Abarrazas", en una superficie casi horizontal que a modo de plataforma corona un afloramiento a media ladera. Los motivos representados se pueden encuadrar sin problemas en la tipología de los petroglifos ya conocidos en la provincia: cazoletas que de manera mayoritaria ocupan las mejores zonas del panel y surcos serpenteantes que de manera caprichosa evitan o comunican las cazoletas con las que se topan.


 


No obstante, la composición es aquí más complicada que en los petroglifos maragatos, pues algunas cazoletas aparecen unidas entre sí formando cazoletas dobles e incluso triples. Entre la maraña de surcos y grietas naturales de la roca se localizan algunas figuras triangulares otras siluetas tienen formas ovaladas y algunas cazoletas están inscritas dentro de círculos. Estos círculos están unidos también a los surcos que las rodean, de tal manera que a veces no se sabe bien cual es cual. 
En la parte más alta del panel predominan las cazoletas, unas agrupadas aunque en un desorden al menos aparente (algunas emparejadas, otras unidas por surcos otras unidas entre sí...)
Esta zona superior del yacimiento se ve interrumpida por una gruesa raíz de la encina que corona el afloramiento, pudiéndose constatar la presencia de cazoletas a pocos centímetros de esta, por lo que no sería nada extraño que los petroglifos continuaran bajo la raíz e incluso al otro lado.




  


La  otra estación rupestre queda muy cerca de la anterior aunque en una posición más elevada respecto al valle. Está por tanto más cerca del pueblo y también tiene nombre: "La peña del Trigo"
El panel ocupa una roca alomada que sobresale de los afloramientos cercanos al camino. Hay grabadas cerca de medio centenar de cazoletas, la mayoría intercomunicadas por surcos. Aquí parece no haber tanta complicación, los surcos unen de forma rectilínea grupos de hasta seis o siete cazoletas y al menos un par de ellas están rodeadas por un círculo.










Hay junto a este panel algunas rocas más en los afloramientos que se prolongan a uno y otro lado entre el valle y el camino. Predominan las cazoletas formando agrupaciones semicirculares, y en algunas ocasiones (como en la siguiente fotografía del propio descubridor Juan Carlos Garrido) una cazoleta más grande preside la zona central.  

  





Juan Carlos Garrido también me dio noticias sobre un petroglifo ya desaparecido en la actualidad. Se encontraba en lo alto de un cerro, y tuvo la mala suerte de coronar una mina de carbón. "Fue lo primero que arrancaron las máquinas hace 20 años cuando comenzó la explotación de la mina", me cuenta mi tocayo. Los grabados consistían en un podomorfo acompañado por un par de semicírculos o herraduras: " La huella del pie era pequeña y estilizada, como de mujer, y había una herradura grande y otra pequeña". La tradición popular contaba que eran la pisada de la Virgen María y las herraduras eran la huella de un borrico y un buey. Estos grabados se conocieron con un nombre revelador: "La Patada de Nuestra Señora", topónimo que se hizo extensivo a toda la zona y que aparece en el plano topográfico junto a la cicatriz y el desastre producido por la mina ahora ya cerrada.
Tiempo habrá de estudiar más detenidamente estos grabados rupestres, poniéndolos en relación (o no) con otros vestigios arqueológicos como pueda ser la cercanía del castro de Santa Marina al otro lado del pequeño valle. Un estudio y búsqueda más exhaustiva propiciará sin duda nuevos descubrimientos en la zona, y con toda seguridad estos primeros ejemplos de petroglifos del Bierzo serán considerados en un futuro como la punta del iceberg que emergerá después. 
De momento debemos alegrarnos de las nuevas noticias y felicitarnos de tener paisanos como Juan Carlos Garrido, que además de descubrir estos petroglifos ocultos entre las rocas ha realizado otro tipo de descubrimiento que yo creía imposible, como es el caso de "La patada de Nuestra Señora", que es el de rescatar de su memoria  un petroglifo que ya no existe y hacer con su descripción que lo "veamos" otra vez.
 No sé si me entendéis, pero descubrir algo que no existe me parece rizar el rizo... 
Juan Carlos lo ha hecho y le ha quedado bordado... Felicidades.


Enlace a la noticia publicada en INFOBIERZO:

El Bierzo descubre petroglifos en Santa Marina de Torre
   


  

miércoles, 17 de julio de 2013

NUEVAS EVIDENCIAS DE PETROGLIFOS Y ALTARES RUPESTRES EN MARAGATERÍA (I)





Ya hemos comentado varias veces la fuerza con la que ha prendido en Maragatería (y por extensión en toda la provincia) la semilla de la curiosidad y el afán por conocer los vestigios de nuestros antepasados. Con tanta gente involucrada no es de extrañar que se sucedan nuevos hallazgos que se suman a los ya conocidos, configurando una colección cada vez más numerosa. 
 Hace unos meses mi buen amigo Mark Raes me comunicó el hallazgo de varias rocas con petroglifos. No es la primera vez que Mark me da esa noticia, pues ya en el año 2009 localizó una roca con círculos y cruciformes que tuve el honor de bautizar con el nombre de "Peña Cruzada". Mark es un enamorado de nuestra tierra desde que la vió por primera vez  cuando hizo el Camino de Santiago, y lo cierto es que abandonó su Bélgica natal y se quedó con nosotros para siempre.
  Los nuevos descubrimientos de Mark no son fruto de la casualidad, son el producto del esfuerzo y de la pasión por el arte rupestre, y el resultado son varias rocas con petroglifos en las cercanías de las localidades de Turienzo y Andiñuela (por el momento y para preservar los grabados no puedo precisar más su ubicación).
 Los petroglifos están repartidos en diferentes rocas de una misma zona, y se sitúan relativamente cerca de los petroglifos de La Peña Furada.  Las cazoletas son el motivo principal  representado en los paneles, acompañadas por algunos surcos y en uno de los casos por un sistema de cubetas. 
Antes de colocar las fotos de los nuevos descubrimientos, hay que resaltar las similitudes con el sistema de cubetas descendente de La Peña Furada de Turienzo, lo que unido a su cercanía permite establecer paralelos entre las dos estaciones rupestres. Las dos siguientes fotografías pertenecen a La peña Furada:







                             (Vista general de La Peña Furada de Turienzo y detalle de las cubetas)


En la década de los 80 del siglo pasado La Peña Furada de Turienzo fue el primer petroglifo descubierto en la provincia de León, aunque esta estación rupestre  permaneció olvidada 20 largos años hasta que en el año 2008 despertó de su letargo debido a la repercusión de los nuevos decubrimientos de petroglifos maragatos.
Hasta ese momento fue una rara excepción en la comarca, que no obstante confirmaba la regla de que nunca hay que dar nada por sentado, y menos en temas de prehistoria donde desconocemos tantas cosas todavía. 
La verdad es que los excepcionales paneles con laberintos descubiertos en la ya famosa estación rupestre de Peña Fadiel no se podían paralelizar totalmente con La Peña Furada (sobre todo atendiendo a la iconografía representada) pues salvo la coincidencia de numerosas cazoletas, en Turienzo predominan las cubetas a distintas alturas e intercomunicadas por surcos, mientras que en Filiel son esos enigmáticos laberintos los que componen la escena.

Ahora, nuevas evidencias permiten establecer similitudes como veremos a continuación.


La primera de las rocas contiene cuatro cazoletas, tres de ellas alineadas  marcando la dirección este- oeste. No es una roca espectacular, pero complementa a las otras de la zona.




Cerca de la roca anterior hay una laja con una superficie horizontal de cerca de tres metros de largo. Hay representadas cerca de una veintena de cazoletas, algunas más grandes y profundas de los que suele ser habitual en los petroglifos de estas tierras. La orientación es la misma que en la roca anterior, y la debilidad del soporte (pizarra esquistosa) hace que los grabados estén bastante erosionados. La diferencia con la otra roca  (además de un mayor número de cazoletas) es que este panel  está ligeramente elevado del suelo.









La siguiente roca es la más interesante de la zona, con todo el aspecto de un altar rupestre prehistórico. Se trata de un afloramiento de pizarra esquistosa que se eleva un par de metros del terreno de forma progresiva. La parte más alta del afloramiento está coronada por una roca poligonal e inclinada, habiéndose esculpido en ella una docena de cazoletas de distintos tamaños, así como un sistema de cubetas comunicadas por surcos que de manera descendente hacen fluir cualquier líquido vertido en la cubeta superior. El parecido con Peña Furada (el altar rupestre de Turienzo que aparece en las primeras fotos de este artículo) es más que evidente, así como la impresión de que fueron construidos en la misma época y para el mismo fin.




 Al contrario que en La Peña Furada, no se observan indicios de otros grabados y no hay rastro de cruciformes ni firmas de pastores, lo que a mi modo de ver confirma las sospechas de los especialistas de que estos símbolos que aparecen en los petroglifos de Turienzo son añadidos posteriores. En cuanto al grado de conservación, este altar rupestre de Andiñuela está en las últimas, pues presenta una gran erosión y descascarillados, producto de los milenios que lleva expuesta a la intemperie y de la propia fragilidad de la roca que soporta los grabados.  







Como se puede apreciar en las fotos, en la zona más alta del panel hay tres cubetas profundas y de distintos tamaños. La de la izquierda es la más esférica y está rodeada a su vez en la parte superior por varias cazoletas pequeñas, mientras que de la parte inferior descienden cuatro surcos de forma radiada.
 A la derecha de esta composición hay dos cubetas unidas, formando una figura ovalada de la que desciende otro surco hacia la zona inferior, donde una gran cubeta horizontal recoge todos los surcos mencionados. Esta última cubeta parece la unión de varias cazoletas profundas más pequeñas , pues presenta ensanchamientos y zonas esféricas de distinto tamaño. No marca el final de los grabados, ya que de ella todavía se puede apreciar un surco descendente, aunque este no une otras cazoletas más pequeñas de la zona inferior e inmediata al suelo.





   


La finalidad de estos petroglifos todavía es un enigma para la ciencia, aunque la teoría que genera mas consenso es que funcionarían como altares rupestres en los que se celebraría algún tipo de ritual  (iniciación de nuevos miembros de un grupo, rogativas propiciatorias de la fecundidad o de la lluvia etc), en los que la presencia de líquidos vertidos a modo de ofrenda debieron tener un papel importante. Viendo el sistema de cubetas descendentes no es difícil imaginar a una persona iniciada y conocedora de los secretos del ritual (hombre sabio, chamán, sacerdote..) vertir algún líquido (agua, leche, sangre etc) sobre los grabados y como éste por gravedad llena las cubetas y acaba en el suelo.  
En cuanto a la cronología, la gran mayoría de altares rupestres de estas características han sido encuadrados en un largo periodo que va desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro.
 Si consideramos los petroglifos de Peña Fadiel de cronología calcolítica, es asumible la teoría de que estas manifestaciones rupestres (más simples, menos evolucionadas) pueden ser anteriores a los primeros momentos de la Edad de los Metales y bien pudieran ser vestigios de los pueblos neolíticos, cuya existencia aparece probada en las zonas limítrofes (Zamora, Portugal, Galicia...). El contexto arqueológico en el que están localizados está alejado de cualquier asentamiento prehistórico conocido, y parece relacionarse más con las zonas de pastos altos de  montaña que tanto debieron apreciar los ganados de los primeros pobladores estables de estas tierras.
 La ausencia de otros símbolos representados (herraduras cruciformes etc) parece descartar una cronología más moderna, y el hecho de que el paralelo más cercano (La Peña Furada de Turienzo) haya sido objeto de estudio por los especialistas y encuadrada en el Calcolítico refuerza la impresión de que nos encontramos ante vestigios de esa misma época, o como ya apuntamos, quizá algo anterior.
En cuanto a la finalidad, es difícil aventurar una hipótesis definitiva, salvo la que considera a la zona como un espacio sagrado o especial delimitado por rocas con cazoletas, como queriendo destacar la importancia de la roca principal, el altar rupestre con un sistema de cubetas en el que se realizaría algún tipo de ritual prehistórico.

Y todo esto (y algo más, que expondré en futuras entradas) lo ha encontrado Mark, por pura afición y cariño a una tierra que ya es la suya.

  
  

viernes, 31 de mayo de 2013

LOS PETROGLIFOS DE VALDEORRAS (II)


Situados en la margen derecha de la carretera que une el Barco de Valdeorras con Sobradelo, los petroglifos de Éntoma se sitúan en la misma temática y técnica que los de Arcos. El soporte es el mismo, una capa de arenisca roja que corona otra veta de conglomerados. La profundidad del surco es superior en este caso, tanto que quizá sea el petroglifo con los surcos más profundos que conozco. La temática sigue siendo abstracta, con surcos comunicados en todas direcciones formando reticulados y ramiformes. Hay menos cazoletas, pero algunas de ellas son de buen tamaño y adquieren cierto protagonismo en la composición. Estas cazoletas suelen ocupar los espacios vacíos de mayor tamaño que quedan entre los surcos.



 En una roca horizontal a ras del suelo se grabaron también los mismos motivos, además de algún círculo lleno de pequeñas cazoletas. Es curioso observar como algunos surcos no se detienen al acabarse el plano horizontal del panel, sino que continúan y se proyectan en la parte vertical.
Asistimos aquí otra vez a una especie de "horror vacui" prehistórico, en la que toda la superficie disponible de la roca ha sido utilizada.






Esta estación rupestre no está señalizada ni tiene ninguna protección. Una torre metálica fue levantada hace muchos años demasiado cerca de los grabados, y da la sensación  que a los responsables de Patrimonio de la Xunta  no les interesan lo más mínimo estos petroglifos. Sólo la actitud de los habitantes de la comarca de Valdeorras puede cambiar ese abandono, pero para eso deben empezar a reconocer estos petroglifos como los más lejanos vestigios de sus antepasados, y una vez reconocida la importancia que tienen exigir a los responsables  que los protejan como la reliquia que son.


miércoles, 1 de mayo de 2013

LOS PETROGLIFOS DE VALDEORRAS (I)


En Vilamartín de Valdeorras, en la parroquia de Arcos, se encuentran unos petroglifos que podríamos considerar los grabados gallegos más lejanos de la costa, y por lo tanto los más cercanos a los de la provincia de León.
Catalogados en 1982 por el arqueólogo José Fernandez, estos grabados están realizados sobre un afloramiento de conglomerado, en una capa de roca rojiza intermedia entre los cantos rodados. Esta veta de roca parece tener buenas propiedades para la cantería y talla, como se puede observar en las dos grandes extracciones que aparecen a los lados del afloramiento, dando a esta estación rupestre la forma de una flecha. 


La roca esta rodeada de vegetación, situada entre viñas y a la sombra de cerezos y otros árboles que impiden a menudo la entrada de la luz. Después de varias visitas a distintas horas del día, la mejor opción para captar las figuras representadas en la roca resultó ser las fotos nocturnas.






Los surcos y cazoletas dominan la composición, como en la mayoría de los petroglifos leoneses. No obstante, las figuras son mas elaboradas aquí, con abundancia de círculos y reticulados. Algunos de estos círculos presentan el interior completamente lleno de cazoletas, una figura típica de los petroglifos de tipo atlántico y muy abundante en Galicia, Portugal y las Islas Británicas.










El parecido con las estaciones rupestres leonesas se acentúa al observar el entramado de surcos (bien comunicando cazoletas o aislándolas), los reticulados (composiciones con forma de red). Incluso se pueden establecer paralelos con muchas figuras representadas en las pinturas rupestres de Sésamo y Librán en el Bierzo. Podríamos considerar por tanto a estos petroglifos  como una especie de transición entre las dos temáticas, aunque teniendo siempre en cuenta que estas composiciones aparecen también en el epicentro del arte rupestre galaico.




domingo, 17 de marzo de 2013

LOS FRESCOS DE CHANA Y EL MAGO HERMÓGENES (II)

A finales de julio de 2012 subí a este blog una entrada sobre "Los frescos ocultos de Chana y el mago Hermógenes", con el propósito de llamar la atención sobre unos frescos de la paredes de la iglesia de Chana de Somoza. Estas pinturas aparecieron hace unos años al empezar a desconcharse la cal que los tapaba.
Como no quiero repetir lo ya expuesto en ese momento, para los que no conozcan la historia de esta iglesia y sus pinturas, el enlace anterior es de obligada lectura.




Esta entrada suscitó el interés de los medios de comunicación, , en especial El Diario de León que publicó la información en un artículo con un título mucho más atrayente que el mío: El demonio "aparece" en Maragatería y a partir de ahí la noticia es conocida a nivel nacional.
Hace unos días un equipo de Cuarto Milenio dirigido por mi paisano y amigo Nacho Ares se interesó por la noticia, y se desplazó a estas tierras para grabar las pinturas y hacer algunas entrevistas. 
Yo no pude acompañarles a la iglesia de Chana (maldito trabajo..) así que grabamos mi entrevista en Astorga y ellos se desplazaron después a este pueblo milenario.
En la entrevista hablamos de la noticia, de la posibilidad de que detrás del retablo hubiera escondida una joya en forma de retablo pintado. Y de unas cuantas cosas más que posiblemente queden en segundo plano, pues lo que ocurrió a continuación eclipsará todo lo demás.

Una vez en la iglesia, a Nacho Ares se le ocurrió hacer lo que yo había pensado y no me atreví: Pidió permiso para acercar una mesa al retablo, y desde ella deslizó una pequeña cámara de vídeo. Pudo grabar una toma y cuando sacó la mano y miró lo que había grabado se dio cuenta que había una imagen grande de Santiago ataviado con todos los símbolos jacobeos (bastón, calabaza, gorro con la vieira...) lo que llamamos un Santiago Peregrino.
Imaginad la emoción de Nacho, al saberse el primero en volver a ver al Patrón después de los siglos.
Ayer salió la noticia en el programa de Cuarto Milenio, y en honor a la verdad para contar estas cosas nadie mejor que Iker Jimenez, ya me entendéis... 
 AUDIO DEL PROGRAMA, a partir del minuto 35

Ahora sólo me queda poneros una foto del fresco oculto que pronto ocupará muchas noticias en los periódicos. Parece como si la magia del Mago Hermógenes estuviera dando resultados, y las mejores previsiones fueran superadas 




                                                       Foto cortesía de Nacho Ares

Además de los símbolos representados que ya hemos comentado, el santo porta un libro. Este se suele asociar con la Biblia o el Antiguo Testamento, pero a mi me gusta pensar que bien pudiera ser una representación del Codex Calixtino. Me encaja más al ser un Santiago Peregrino, y no hay que olvidar que el Codex es una recopilación de relatos sobre el Santo y el Camino de Santiago.
Lo interesante del tema es que esta imagen sólo es una de las varias que hay detrás del retablo mayor. Por fuerza debe de haber una imagen central y principal, además de otra lateral.
Me alegro de corazón que el mago Hermógenes haya escogido a Nacho para el descubrimiento. Como leonés y  gran divulgador es la persona perfecta, y a partir de ahora Chana de Somoza  -además de un nuevo santo en la iglesia- tiene un nuevo amigo. 

sábado, 16 de febrero de 2013

LA OTRA CRUZ DE FERRO

Son varias las entradas en este blog en las que he tratado sobre este  monumento enclavado en pleno Camino de Santiago, explicando que a pesar de sus sencilla construcción (piedras, madera y una cruz de hierro) se ha convertido en unos de los monumentos mas conocidos y anhelados por los peregrinos jacobeos.



Es  también conocida la tradición de depositar una piedra al llegar a este crucero (seguramente el más grande de España), con la particularidad de que los peregrinos deben traer esa ofrenda desde su lugar de origen, así que el amontonamiento de piedras no solo es espectacular por sus dimensiones, sino por la belleza de las piedras (todo el mundo escoge una piedra rara y bonita) y por el hecho de que allí se concentran piedras de todos los lugares del mundo.




No es momento ahora de profundizar sobre el origen del crucero.Como se sabe hay unas cuantas teorías que postulan sus orígenes en los conocidos "montes de Mercurio" romanos, en costumbres prerromanas relacionadas con la sanación de enfermos en los cruces de los caminos, o en un origen mucho más practico, como es la de simples mojones que delimitarían cotos y propiedades de época medieval.
Sea como fuere, la coronación del montículo por una cruz cristianizó el lugar, y el aporte continuado de las ofrendas de los peregrinos incrementa cada día la leyenda y la altura del  monumento.
Tampoco entraré en la polémica sobre su nombre correcto (Cruz de Ferro o de Fierro), polémica que suele acabar como el rosario de la Aurora cada vez que he visto debatir este tema. Cierto es que el vocablo   "fierro" o "fierru" queda más "leonés", pero yo he escuchado toda la vida en Maragatería decir  "ferreiro" (herrero) "ferruño" y "ferruñoso" (oxido y oxidado). Así que cada uno la llame como le venga bien, que a mi me valen los dos vocablos.

El motivo real de esta entrada es la de colocar unas fotos de otro amontonamiento de piedras cercano a la emblemática cruz, aunque desconocido por la gran mayoría.
La primera vez que supe de su existencia fue gracias a un artículo publicado de Miguel S. Peña en la revista Argutorio en el año 2000 titulado " Los caminos A Galicia, Astúrica de Potata y Herman Künig, en una mezcolanza solo a medias irónica" , en el que aparece un pequeño plano dibujado por el autor.
Años después, acompañado por mi buen amigo Mark, localicé el montículo. Me sorprendió su altura, pues a pesar de que no ha recibido las aportaciones de los peregrinos, su porte es magnífico, superando en altura a algunos  pinos que lo rodean. Está situado al norte de la Cruz de Ferro, a unos 600 Mts en línea recta, algo más al utilizar los caminos. En la siguiente foto, la cruz señala la Cruz de Ferro y el Camino de Santiago, y la flecha el amontonamiento de piedras, que como veremos después, seguramente estuvo también coronado por una sencilla cruz


   




Al contrario que su famoso compañero, este crucero es una acumulación de rocas y lajas de pizarra de la zona, sin la acumulación de cantos y piedras de distinta procedencia. Aún siendo todas las rocas iguales, sorprende la fuerza simbólica que le proporciona su gran altura y su ubicación en un cruce de caminos.




Para Miguel Peña, el origen de todas estos amontonamientos de piedras parece bastante claro:

"La primera mención -conocida- de nuestra Cruz de Ferro data del año 1103, y se trata del Privilegio que el Rey Alfonso VI concede a Gaucelmo para que en el coto de su alberguería nadie pudiera importunarle. En este documento ya se habla de "un coto redondo, limitado por las cruces que se hallaban en su derredor" (lo cita Matías Rodríguez en su Historia de Astorga, pág. 167). La nuestra es la cruz situada "en la encrucijada de Astorga de Potata" (Ml. Rodríguez), y esta Astúrica de Potata, aparece ya en el año 923, cuando Ansemiro da la iglesia de Turienzo a San Pedro de Montes ("per via que discurre de Astorica de Potata..."), y que no es otra que el camino que desde allí lleva directamente hasta Andiñuela. No se trata pues de Montes de Mercurio, aras votivas en favor del dios de los caminos, al que había que ofrendar una piedra más; sino simplemente arca o mojón que delimita el territorio propio frente a las posesiones de otros. En el caso de La Cruz de Ferro está muy claro, había que delimitar el territorio frente a las posesiones de la Iglesia de Santa María de Irago, sita en Astúrica de Potata, y que después fue anexionada por Foncebadón. La otra cruz, que todavía alcanzó a ver Fray Martín Sarmiento en el siglo XVIII, estaba en la bajada al valle de Tabladillo, donde también existían instalaciones religiosas de importancia (allí tuvo lugar el célebre Concilio de Tabladillo en el 946). De otra, que estuvo al pie de Candanedo, donde hoy está el repetidor de televisión, lo único que se conserva es una gran cantidad de piedras diseminadas, y aún no tenemos claro frente a qué institución -civil o eclesiástica- se levantó."

 En todo caso, desde esta primera cita en el año1103, no hay que olvidar que ha pasado casi un milenio, y que la Historia se escribe día y día y en este caso piedra a piedra.
 Por eso no solo hay que tener en cuenta sus orígenes, sino  el icono cultural en el que se ha convertido. 
Y puestos a contentar a todos:
 pudieron ser un sencillo monumento indígena, asimilados para el culto mercurial por Roma, utilizados mil años después  por Gaucelmo para marcar su alberquería y convertidos en lo que son actualmente por la magia del Camino de Santiago.