Este asentamiento prerromano fue cortado hace tiempo por la trinchera del ferrocarril y parece ser que los restos que en ese momento se encontraron no se documentaron bien.
En la parte oeste de la antigua fortaleza se encuentran varias rocas, sobresaliendo la llamada "Peña de Santiago" famosa por albergar grabados semicirculares con forma de herradura.
La zona en cuestión está muy deteriorada y he preferido transcribir parte de un artículo de Luis Alonso Luengo: "Elementos paganos y heterodoxos en el León antiguo", donde a su vez se cita a José María Luengo para describir como estaban los petroglifos en el año 1951:
"Es curioso notar que el contorno todo de esta comarca se envuelve todo en una atmósfera sacerdotal, como se delata en el Castro de Sopeña, a tres kilómetros de Astorga, con sus leyendas religiosas, antiguas y medievales, y donde, la peña cortada a tajo sobre el río, aparecen siete marcas talladas, en forma de herradura, "representaciones del ídolo femenino símbolo de la fecundidad, en su estilización dentro de la fase del periodo eneolítico renovada después bajo la cultura celta-astur", según descubrió José Mª Luengo ("Notas para la Historia de León y su Provincia" y "El Castro de Sopeña", en el Pensamiento Astorgano, 6 de Septiembre de 1951, marcas que, según Luengo, nuestro máximo arqueólogo leonés, aparecen también en otros lugares de la provincia, y que si, al cristianizarse la zona, se asocian siempre a la leyenda de Santiago, y a la fascinación del Camino Jacobeo, (como en Sopeña, donde se atribuyen a señales de las herraduras del caballo de Santiago, que afincado en la peña saltó sobre Astorga, cayendo al otro lado de la ciudad, en un prado donde, al posarse el caballo, manaron cuatro fuentes -una de cada herradura- que son las llamadas "Fuentes de Santiago"), todo ello revela - según José Mª Luengo- "una pervivencia cristianizada de las religiones primitivas".
Junto a las ya casi invisibles herraduras, otro símbolo todavía más invisible: una hermosa cazoleta tapizada de líquenes que certifican su antigüedad. Sin embargo no es citada por Luis Alonso ni por José María Luengo, y confieso que yo reparé hace poco en ella a pesar que desde niño he visitado los petroglifos ( sin saber lo que eran) en muchas ocasiones.
Como podéis comprobar en estas fotos actuales, la roca se ha convertido en un mural donde se han realizado grabados recientes que rompen la magia del lugar. Unos por pretenciosos, otros por falsos y el resto porque retratan a sus autores, son buenos ejemplos de la estupidez humana.
Por cierto, la leyenda asegura también que en el momento del salto, al patrón Santiago se le cayó su manto, cayendo sobre el río y sembrándolo de nenúfares.Sin embargo en Villaobispo (un pueblo cercano que comparte los terrenos con Sopeña), se asegura que el manto era el de la mismísima Virgen María, y que no llegó a caer al río, sino en la pradera anterior tapizándola de flores.









