viernes, 6 de noviembre de 2020

ARCAS Y MARCAS TÉRMINO EN MARAGATERIA

 En la comarca maragata las demarcaciones territoriales para delimitar municipios, montes, zonas de pastos etc. están señaladas por elementos de piedra repartidos por el paisaje, colocados lo suficientemente cerca unos de otros para que, en la medida de lo posible, desde cada posición se pudiera conectar visualmente el punto anterior y el posterior, originándose una línea imaginaria al unir cada uno de los hitos. Aunque los términos empleados en los documentos suelen ser sinónimos (arca, hito, término, mojón), en Maragatería parece diferenciarse el marcador importante con el nombre de “arca”, mientras que otros marcadores de menor entidad se denominan “mojones”, como se desprende de las anotaciones en el apeo de 1904 entre Lucillo y Filiel:Y unas y otras partes acordamos y ordenamos en poner mojones entre arcas que estaban muy distantes...”

La forma y composición de esas arcas varía en cada territorio, dependiendo de la propia particularidad geológica de la zona en cuestión. Así, los límites entre municipios grandes solían estar señalados por bloques prismáticos de cuarcita colocados verticalmente en el terreno, llamadas  popularmente “piedras fincadas”, mientras que otras fronteras más humildes como son las que delimitan los terrenos de pastos entre pequeños municipios eran marcados con piedras más pequeñas que se encontraban en la zona. Otras veces, la abundancia de cantos de cuarzo lechoso (que en Maragatería se denominan Geijos) servía para hacer amontonamientos de este mineral y construir mojones con un espectacular y muy visible color blanco. Además, se ha de resaltar la costumbre observada en la Somoza Maragata de señalar determinados afloramientos con marcas que se hacían con instrumentos metálicos (una azada o similar), renovándose cada vez que se realizaba un nuevo apeo, de tal manera que se eliminaba el musgo sobre el surco anterior y se profundizaba un poco más cada vez.

LOS DOCUMENTOS

Los documentos que se conservan en todos los municipios dan testimonio de un  procedimiento que se seguía con toda solemnidad, y en ellos se enumeran los nombres de los participantes, que solían ser un regidor decano, escribanos, peritos y un buen número de testigos. Todos ellos recorrían la zona divisoria reconociendo cada uno de los términos, apilando piedras en unos, librando de maleza a los otros, profundizando las  marcas en las rocas etc. 

Al finalizar el apeo, se firmaba un documento y se elaboraban las copias necesarias para que fuesen custodiadas por las partes. Los  manuscritos se guardaban en arcas o baúles de madera que a su vez tenían varios candados o cerraduras. Estos archivos no podían estar expuestos al público, sino que permanecían cerrados,  fijándose un protocolo específico para poder abrirlos. En el arca de madera que contiene estos documentos en el Ayuntamiento de Lucillo, se puede leer la siguiente advertencia: 

“Este archivo no se abra sin estar presentes dos o tres hombres, por la causa de que no falte ningún papel. Tenga una llave el fiel de fechos y otra el regidor decano. Así fue dispuesto y mandado  por este concejo, con la pena al que al contrario hiciese pague un ducado de multa. Firmado por el señor regidor Lorenzo Rodera en 1822”





Arca de madera y documentos de los apeos que se custodian en el ayuntamiento de Lucillo

Varios de estos documentos que se conservan en este arca del Ayuntamiento de Lucillo  van a servir para extraer algunos conocimientos  sobre la forma de estos marcadores territoriales en la Somoza maragata, que podemos clasificar de la siguiente manera:


PIEDRAS FINCADAS

Como ya expusimos al principio, los materiales predominantes de la zona son los que se van a emplear para las marcas divisorias. Cuando se trata de arcas importantes que dividen dos o más municipios, el material empleado es mayoritariamente las lajas de cuarcita armoricana que pueblan la comarca maragata. Su tamaño oscila desde los 80cm hasta el 1.2 m en la parte visible, a lo que habría que sumar un tercio más que permanece enterrada. Su gran dureza es la causante de que apenas se encuentren grabados en ellas como cruces, letras etc. Una excepción la encontramos en una piedra fincada colocada cerca de Santa Catalina de Somoza, que tiene dos cruces latinas  grabadas en las caras más anchas. Esta importante arca, que  señala la divisoria de tres municipios (Santa Colomba de Somoza, Val de San Lorenzo y Astorga), fue sustraída por un particular a principios de 2018. Por suerte, una serie de casualidades permitieron a la Guardia Civil recuperarla, y hoy se alza otra vez en su lugar original. 



Arca fincada con dos cruces grabadas. Santa Catalina de Somoza


MOJONES

Repartidos por el paisaje de la Somoza maragata se observan otro tipo de marcadores que también  se citan en los libros de apeos como los conservados en el Ayuntamiento de Lucillo.  Estos mojones pueden ser de varios tipos dependiendo de la geología de la zona, el tamaño y la composición de los mismos. Podemos diferenciarlos atendiendo a las descripciones, que enumeran piedras más pequeñas que las arcas importantes, y otros incluso más sencillos: “... llegamos a la “Mata de Pradoveso”, cuya arca se reconoció con porción de tierra y cantos, quedando alta y reconocida sin contradicción alguna.”

Las cuarcitas de color marrón son utilizados para otros mojones por ser los únicos disponibles en esa zona: ... y a un tiro de honda del anterior, pasamos al de “Candevaián”, y lo renovaroncon piedras pardas y cavaron alredor de forma que quedaron bien conocidas, y de ser así nosotros los escribanos damos fe”

En otras ocasiones se emplean los abundantes cantos de cuarzo lechoso (geijos) que constituyen un excelente marcador al destacar el níveo color blanco sobre el paisaje de tierras y vegetación oscura: “...Y deste otro sitio pasaron los dichos dos concejos al término de las Torrecillas, y lo levantaron de geijos blancos y cavaron alredor de forma que quedó bien alto y reconocido a gusto de todos ambos concejos y ante nosotros los escribanos”  





Diversos mojones o amontonamientos de "geijos" en la Somoza maragata



 AFLORAMIENTOS Y ROCAS SINGULARES

Algunas arcas están situadas en elementos del paisaje fácilmente reconocibles, y en esas ocasiones no hace falta marca alguna: “...y de este sitio los dichos concejos de Boisan y Lucillo  pasaron a otro término que está en una peña, distante a dos tiros de honda a la izquierda (...) y no le hicieron seña por ser bien grande y conocida, y los escribanos damos fe según se nos pidió por los dos concejos”.

 Un ejemplo de un arca situada en un  afloramiento  singular es un rebaje natural de la roca en el arroyo de Valdemedian, llamada “El Arca de la Ferrada”. El nombre es consecuencia de la forma de herradura de la hendidura, que tiene unos 80 cm de ancho y 90 cm de profundidad, y que se sitúa en una poza del reguero que suele conservar un poco de agua incluso en el verano cuando se seca el cauce. Se da la circunstancia que  este lugar además de funcionar como arca, es el lugar de reunión elegido por los concejos de Lucillo y Villalibre para comenzar y finalizar los apeos de la zona, como si fuese un lugar neutral respetado y reconocido por los dos concejos.


Afloramiento singular. "La Poza de la Ferrada", entre Lucillo y Villalibre de Somoza


 ROCAS CON FARPAS

Por último, vamos a estudiar otro grupo de arcas que contienen algunas marcas grabadas y destacan por tanto de las demás. Se sitúan sobre pequeños afloramiento de pizarra que por las características y poca dureza de la roca, permiten grabar alguna marca sin mucha dificultad, al contrario que ocurre en las rocas y afloramientos de cuarcita.

 Un tipo de marcas son los surcos llamados “farpas” (derivado del antiguo farpar, que significa arañar), que se suelen agrupar en número de tres o cuatro surcos paralelos.  En el citado libro de apeos conservado en Lucillo se mencionan frecuentemente: “...y  siguiendo dicho camino que va para Astorga hayamos una peñica con farpas bien hondas por ser arca antigua, y renovando dichas farpas quedó bien reconocida sin contradicción alguna de dichos concejos”

Esta renovación consistía en raspar los surcos para eliminar el musgo que se había generado desde la vez anterior, y esta acción repetida a lo largo de los siglos generaba surcos profundos, que se distinguen de los surcos de los petroglifos prehistóricos por la pátina, y sobre todo por su anchura y profundidad, que demuestra que fueron realizados por instrumentos metálicos.

 Para un primer avance de este tipo de arcas, vamos a exponer algunas fotos de tres arcas diferentes. 


ARCA DE LA GUSENDA

Este arca que divide los pastos y terrenos entre Chana de Somoza y Lucillo, se encuentra a la derecha del camino de la cantera cercana a Chana. 

 Se sitúa en un pequeño afloramiento de pizarra que apenas supera los 80 cm de altura. La poca visibilidad  se compensa con la imposibilidad de mover de sitio el arca, pues como hemos dicho no se compone de rocas o piedras colocadas, sino que aflora de la roca madre.  En la zona superior hay algunos hoyos parecidos a las cazoletas, pero más profundos y de formas irregulares. También se observan unos rebajes que los escribanos llaman “muescas”, y  que le dan un perfil superior con forma ondulada o de cresta. De esta zona elevada descienden hasta el suelo dos surcos  de entre 4 y 8 cm de ancho y 3 cm de profundidad, medidas que son producto de las  numerosas renovaciones, que como explican  los escribanos en los libros de apeos, se realizaban “a peto de azadón”.                                                                                

Farpas del Arca de La Gusenda


Arca de La Gusenda, vista cenital

VALDEMEDIAN- I

El arroyo de Valdemedian discurre aproximadamente por la divisoria de los terrenos de Lucillo y Villalibre de Somoza. A lo largo del valle del mismo nombre se localizan varias arcas con farpas. La primera está cerca del arca llamada “La Poza de la Ferrada”, ya citada en el capítulo de elementos singulares del paisaje,


Arca de Vademedian-I. Vista general con la farpas



VALDEMEDIAN- II

Siguiendo el valle aguas arriba, se localiza otra arca con cuatro farpas grabadas en otro afloramiento de pizarra, situadas en la zona inferior del roquedo que aflora en la orilla derecha del reguero estacional. Los surcos son muy profundos, igual que en Valdemedian I, y revelan que ha sido renovada muchas veces a lo largo de los siglos


Valdemedian -II. Vista frontal del afloramiento


CRESTAS

 En otras ocasiones estas marcas solo se realizan en la zona superior de las rocas, que los escribanos señalan como “muescas” y que originan unas superficies aserradas que vamos a denominar a partir de ahora como “crestas”.  Este tipo de señalización es también muy abundante en la Somoza, y en este artículo vamos a destacar algunas de ellas solamente para no extendernos demasiado. La primera se encuentra en el arca de La Gusenda a la que nos hemos referido antes y que además de las farpas y hoyos contiene en la zona superior varias crestas formadas por muescas. La otra roca del mismo estilo se localiza en las proximidades de Filiel, junto al cruce de caminos que van a la cima del Teleno y a la zona de La Calera respectivamente



Crestas en un afloramiento de pizarra en el pueblo de Filiel



Curioso contraste entre las crestas de un arca y la silueta del Teleno


PEÑAS FORADAS

Por último, en La Somoza maragata es también bastante usual marcar los términos con agujeros ovalados que pueden confundirse con cuñas de cantero, además de otras oquedades parecidas a las cazoletas prehistóricas, lo que coincide con lo expuesto por J. Ferro Couselo en su tesis titulada “Petroglifos de Termino. Las Insculturas Rupestres de Galicia” donde defiende el uso de cazoletas en la Edad Media para señalizar algunas arcas de término.

La más representativa podría ser La Peña Forada, que delimita los pastos entre Lucillo y Boisan, además de ser un lugar singular por ser un lugar neutral donde comenzaban y finalizaban las reuniones para los apeos entre esas localidades: “Y de allí volvieron los dichos dos concejos a La Peña Forada, con cuatro agujeros a raíz del suelo (...) y se renovaron los agujeros de este dicho término”.



La "Peña Forada", entre Lucillo y Boisan


Arca con tres agujeros, en la línea de rocas moralizas entre Lucillo y Quintanilla de Somoza


CONCLUSIÓN

Tomando como referente la recopilación y el completo estudio que Jesús Ferro Couselo dedicó en su tesis doctoral “Los Petroglifos de Término y las Insculturas Rupestres de Galicia”, constatamos bastantes analogías en lo referente a la forma de las arcas con los territorios del noroeste peninsular, pues si bien en Galicia el paisaje y la geología del granito condiciona los marcadores territoriales, los paralelos se establecen al comparar las piedras fincadas (allí llamadas pedras fitas), los amontonamientos de piedras y túmulos de tierra, en definitiva, algo consustancial no solo al noroeste sino a toda la península.  

Lo que constituye una novedad y se escapa a la clasificación de Ferro Couselo es el empleo de surcos o “farpas” para marcar las rocas, o las muescas que originan “crestas” en la zona superior de las mismas. Este sistema, que en principio parece propio de la Somoza Maragata, se añade por el momento a la clasificación de “Los petroglifos de término…”, y solo por este motivo ya merecía la pena la elaboración de este trabajo.

Este artículo es un resumen de un trabajo más extenso que he publicado en Academia.edu con el mismo título, ARCAS Y MARCAS DE TÉRMINO EN MARAGATERÍA, donde podéis ampliar la información y ver más fotos. 


martes, 1 de septiembre de 2020

LAS CAZOLETAS DE "EL CARBALLÓN"



Después de un prolongado tiempo en el que los descubrimientos de nuevas estaciones rupestres con petroglifos en la provincia leonesa parecían haberse detenido, un nuevo hallazgo se ha producido en la comarca del Bierzo, que viene a sumarse a los ya conocidos en la zona berciana de Ancares y Santa Marina de Torre. El topónimo del paraje se denomina "El Carballón", y a falta de otras referencias es que he utilizado para bautizar estos nuevos petroglifos.
El descubrimiento lo ha realizado Juan Carlos Garrido mientras realizaba senderismo. Se da la circunstancia de que Juan Carlos es la misma persona que descubrió los importantes paneles rupestres de "Las Abarrazas" y "La Peña del Trigo" entre otros más situados en la localidad de Santa Marina de Torre, y que en su día fueron los primeros y únicos petroglifos conocidos en el Bierzo hasta que se sucedieron más descubrimientos. El hallazgo de este ultimo panel se produjo de forma casual, pero tratándose de Juan Carlos Garrido es fácil pensar que además de la casualidad, intervienen la curiosidad y el amor por el arte rupestre.

La nueva estación se sitúa en una zona elevada, rodeada por las antiguas explotaciones de antracita que forman un triángulo cuyos vértices  los formarían las localidades de Santa Cruz de Montes, Montealegre y Santa cruz de Montes. En el centro aproximado de ese triángulo y a escasos metros de una pista utilizada por los camiones que en su día sacaron el mineral de antracita de las explotaciones a cielo abierto, se descubre un afloramiento que sobresale sobre el suelo tapizado de monte bajo . La roca se sitúa a ras de suelo en la ladera, pero se eleva como un trampolín hasta alcanzar por el otro extremo los tres metros, lo que forma en la zona inferior un abrigo protegido de la lluvia, tan parecido a los característicos abrigos rupestres de otros lugares que me extrañó no encontrar grabados o pinturas en esa parte del afloramiento. El suelo está sembrado de pequeñas losas acumuladas, como si algún día hubo allí una pequeña pared de piedra seca a modo de cerramiento que ahora se hubiera desmoronado. 



Juan Carlos Garrido marca con su posición las cazoletas que ha descubierto

  La roca presenta en la parte superior una quincena de cazoletas de distintos tamaños y profundidades, diseminadas sin orden aparente pero agrupadas justo en el vértice de la zona más elevada y orientada al sur. Algunas de ellas parecen estar comunicadas por un pequeño surco que desciende desde la zona más elevada, aunque el este surco es tan fino que podría ser una fisura natural aprovechada como surco e integrado en el diseño de los motivos. Otro surco más ancho sale de una cazoleta superior pero se interrumpe a los pocos centímetros de esta y no se comunica con ninguna figura del panel. En el reborde de la roca se observan  desconches del panel, y de algunas cazoletas sólo se conserva el fondo de la figura.
 

Cazoletas de "El Carballón", vista lateral




Cazoletas de "El Carballón", vista frontal

Esta estación rupestre presenta similitudes con otras de la provincia, atendiendo a las figuras representadas que se compones de cazoletas y algunos surcos más o menos dudosos. El emplazamiento también es característico, pues se sitúa en un lugar elevado a modo de atalaya, dominando visualmente un amplio espacio. El territorio actual dista mucho del que se pudo observar en siglos pasados, pues toda la zona ha sido modificada por grandes explotaciones a cielo abierto para extraer antracita. Aunque ahora estas actividades han cesado y se han realizado labores de reforestación más o menos afortunadas, solo queda de lo arcano la forma de los valles primigenios, pero basta para hacerse una idea del excelente puesto de observación que un día fue este lugar. 



No se observan grabados con figuras que pudieran delatar una cronología más moderna (cruciformes, nombres de pastores etc.). Tampoco hay constancia por el plano topográfico de que coincida aquí una zona que delimite terrenos entre las localidades cercanas, por lo que puede descartarse ese uso. Aunque hay constancia de antiguos castros por la zona, ninguna localidad moderna o antigua parece situarse en las cercanías de estos petroglifos. La distribución de las cazoletas y el estilo de ejecución coinciden con las de otras estaciones rupestres de la provincia, y el ejemplo más cercano podría estar en el panel con petroglifos llamado "La Peña del Trigo" en Santa Marina de Torre      



Para finalizar, quiero agradecer otra vez el entusiasmo y la labor de Juan Carlos Garrido por todos esos descubrimientos que ha realizado por la comarca berciana,  y hacer extensivo ese agradecimiento a los integrantes de la asociación cultural "Carqueixa del Bierzo" de Santa marina de Torre por la magnifica tarea que realizan para la difusión de los vestigios rupestres de la zona, que ha dado como resultado la creación de la ruta de los petroglifos y otras muchas actividades relacionadas con el arte rupestre.



domingo, 22 de marzo de 2020

GRABADOS CONTEMPORÁNEOS EN UN PATIO MARAGATO




En el año 2015 me llamó un vecino de Quintanilla de Somoza, un pueblo de la comarca leonesa de Maragatería que se sitúa en la margen izquierda del río Duerna a los pies del monte Teleno. Es en esa localidad donde se pueden ver los primeros afloramientos de la roca diabasa llamada por aquí "Moraliza", una roca de color verdoso muy apreciada por sus cualidades para ser labrada y empleada para las construcciones locales. Cerca del pueblo ya se pueden contemplar, sobre todo en la zona de "La Chanada", donde descubrí en 2008 numerosos grupos de cazoletas prehistóricas.
La llamada era para invitarme a ver un grupo de grabados contemporáneos situados en el interior de una casa del pueblo, en una pared de piedra de un patio interior. Tenéis que saber que la casa maragata clásica se construye de piedra, con grandes muros que se rematan sobriamente en el exterior, con pequeñas ventanas y la puerta carretal por la que se accede al patio interior. Es en este espacio donde se centraliza la actividad de la vivienda, por eso los patios maragatos suelen estar empedrados con pequeños cantos rodados, que a menudo forman patrones y diseños geométricos. Las habitaciones y otros  espacios de la casa se conectan al patio interior con ventanales y puertas que dan acceso a una galería de madera, generalmente adornada con plantas y flores. Esa forma de vivir de puertas para adentro, no es sino la consecuencia de de la mentalidad maragata, y esta a su vez, es producto de un entorno agreste y un clima severo.
Debo reconocer que en ese momento unos grabados modernos no tenía para mí un interés excesivo, pues andaba enfrascado en la investigación de evidencias rupestres de época prehistórica, aún así no dudé en aceptar la invitación. Una vez en el patio, me sorprendió la cantidad de de grabados realizados en las piedras de la pared.

  

   
A pesar de su reciente cronología, estos grabados me parecen muy interesantes porque se acercan tanto a nuestro contexto que podemos intentar comprender el universo del autor, en este caso un maragato que se enroló de marinero mercante a finales del  S. XIX y dejó plasmado esas vivencias que le acompañaron. Así, podemos distinguir motivos marineros como anclas (algo inaudito en Maragatería) y otras representaciones como guirnaldas y cuernos de la abundancia, libélulas con cabeza humana o escenas costumbristas.
 Para una primera clasificación, he dividido las figuras en dos grupos:

 SÍMBOLOS PROPICIATORIOS O DE BUENA SUERTE .










Sobre estas líneas, símbolos relacionados con la abundancia (cornucopias y guirnaldas)













Símbolos propiciatorios y de buena suerte (rosas hexapétalas, anclas de barco, llave,  herradura)


                                                     NATURALISTAS

Aquí se incluyen los grabados que representan diversos animales y figuras humanas (zoomorfos y antropomorfos ).



Representación  de un pez, con seguridad una de las apreciadas truchas de los ríos maragatos


Figura de insecto


A la izquierda, representación de un insecto, seguramente una libélula.

Los grabados de personas están representados con la vestimenta maragata, se distinguen sin dificultad el sombrero de ala ancha, el chaleco, las bragas o polainas tan típicas y los botines. Algunas figuras se les presupone juventud por su postura erguida y una cierta gracia y vitalidad. Otras representan a ancianos y aparen encorvadas y se ayudan de bastones.


Traje típico maragato









Sobre estas líneas, diversas representaciones de figuras humanas ataviadas con la típica vestimenta maragata


Dos figuras maragatas. A la derecha se representa un anciano con bastón.


A la derecha del cruciforme, dos figuras representan a un guardia civil (izquierda)y un maragato. Ambos llevan sus trajes habituales (se distinguen el tricornio y la chaquetilla del guardia, así como el traje típico maragato) También portan un ramo en cada mano, en una clara alusión a la procesión del Ramo en el día del Corpus, una de la fiestas más solemnes y celebradas antiguamente en la comarca. 

Dentro de este último apartado se puede incluir también una serie de figuras  muy interesantes por su rareza, en este caso los denominados "Teriántropos", o seres con características humanas y animales.


Figura de ave con cabeza humana


Ave o insecto con cabeza humana

Para finalizar, resaltar el valor etnográfico de este tipo de grabados, que si bien suelen ser desdeñados por especialistas que sólo tienen ojos para los vestigios prehistóricos (como me pasó a mí en su momento), nos permiten comprobar  la necesidad del ser humano de plasmar en las piedras mensajes para las generaciones venideras El esfuerzo empleado en grabar estas representaciones demuestra que se hicieron para que perdurasen en el tiempo, y aunque con distinta finalidad y salvando las distancias,  básicamente es el mismo sentimiento que tuvieron los los humanos que decoraron los techos de la cueva de Altamira.
Y por supuesto, mi agradecimiento a la familia Benéitez por mostrarme este pequeño tesoro

miércoles, 21 de agosto de 2019

TODO SIGUE IGUAL...DE MAL.

Hace pocos días me sobresaltó una noticia publicada en el digital "Astorga redacción", en la que se daba cuenta de una reunión celebrada en el municipio de Santa Colomba de Somoza, En ella, se mostraba la preocupación de muchos vecinos por algunas consecuencias derivadas de los trabajos de concentración parcelaria, en las que se habrían afectado diversos elementos del patrimonio de la zona, incluida la estación rupestre de "Peña Furada" en Turienzo de los Caballeros.

Los pormenores de la noticia no eran nada halagüeños:

"Los afectados pusieron de manifiesto su impotencia ante la falta de información por parte de la Consejería de Agricultura y las dificultades a la hora de acceder al estudio ambiental para comprobar si están reflejados los impactos ecológicos y sobre el patrimonio que han provocado las obras. Los participantes en la reunión fueron detallando las pérdidas irreparables, entre las que destacaron el destrozo en el Camino de Santiago que la Fraternidad Internacional de la vía histórica hará llegar a la Unesco y la destrucción de los grabados rupestres dados a conocer en 2009 por el investigador astorgano Juan Carlos Campos en su blog Tierra de Amacos, en la que haciendo alusión a un artículo publicado en El Faro Astorgano el 18 de septiembre de 1992, señalaba lo siguiente: "el petroglifo en cuestión se encuentra en el Urceo de Turienzo de los Caballeros, frente al Monte Santiago de Andiñuela, dominando el ángulo recto que aquí hace el río y, relativamente próximo al camino que va de Turienzo a esa población". 

En aquella entrada del blog, Campos ya alertaba de la desprotección del petroglifo, destacaba el investigador en 2009 que los petroglifos, "abandonados a su suerte, han permanecido olvidados durante dos décadas en las que han soportado agresiones de personas que han grabado nombres en la roca y (sospecho) que han añadido una cruz. Por si fuera poco, una máquina forestal abrió un cortafuegos tan cercano a los grabados que seccionó parte de la roca. Seguramente no sabían la importancia de la roca y es un milagro que no la arrasaran totalmente". Hoy, desgraciadamente, y según los testimonios aportados en la reunión de este jueves en Santa Colomba, han sido completamente arrasados.

Después de releer el texto varias veces, la única alternativa posible fue ir a la estación rupestre lo más pronto posible para salir de dudas. Así que ayer mismo me acerqué hasta el Urceo de Turienzo en busca de "Peña Furada", algo que no me resultó nada fácil, porque la vegetación ha crecido tanto desde mi última visita que todas las referencias que conservaba en mi memoria habían cambiado. El cortafuegos que estuvo a punto de afectar a la estación rupestre había desaparecido, colonizado por urces y escobas que hacen imposible su localización hasta que no pasas por encima de los montículos de tierra que dejó en su día la pala del bulldozer. No obstante, después de invertir el doble de tiempo de lo normal, conseguí localizar la estación. 
La estación estaba como siempre, y debo decir que nunca me he alegrado tanto de una confusión. Leyendo la noticia me había preocupado bastante y llegué a temer seriamente por una de las estaciones rupestres más importantes de Maragatería. "Peña Furada" no es sólo la primera evidencia conocida de petroglifos en la provincia de León, además, su sistema de cubetas comunicadas por surcos constituye uno de esos "elementos propios" de los petroglifos de Maragateria, como indicaron en su día los catedráticos de Prehistoria de la ULE Federico B. de Quirós y Ana Neira.

Peña Furada en la actualidad. Vista general


Dicho esto, la buena noticia es que todo sigue igual en Peña Furada. La mala noticia, es exactamente lo mismo, es decir todo sigue igual.. de mal. Y me explico:
La zona y alrededores de los vestigios están invadidos por la vegetación y monte bajo. La parte de detrás de panel está cubierta por urces, y las escobas y encinas rodean el afloramiento de pizarra esquistosa. Este tipo de pizarra reacciona a los cambios de temperatura exfoliándose capa tras capa. La vegetación circundante es una bomba de relojería, y si por desgracia hubiera un fuego en la zona, los daños ocasionados serían irreparables.

Peña Furada. Zona izquierda.


Peña Furada. Zona derecha

Por otro lado, la proximidad de la estación al cortafuegos es otro factor amenazante. Este cortafuegos está, como ya he explicado, invadido por la vegetación y ya no cumple la función para lo que fue realizado. Es de esperar por tanto, que mas pronto que tarde la pala de un bulldozer haga una pasada para recuperar el cortafuegos. Como el afloramiento está camuflado entre el monte bajo y no hay ningún elemento de seguridad que indique su presencia, bastaría una pequeña desviación en la linea que marca el operario de la maquina para arrasar (esta vez sí) el yacimiento. Llegados a ese hipotético caso, los responsables de Patrimonio se rasgarán las vestiduras, mientras abren un expediente sancionador contra el operario o la empresa forestal correspondiente, como si ellos no fuesen responsables de nada.

El yacimiento rupestre invadido por la vegetación


Quizá este susto, ocasionado seguramente por una confusión de alguien que al no encontrar la estación rupestre supuso que había sido arrasada, pueda servirnos de aviso de lo que puede pasar, y para tomar conciencia de la realidad actual, que a modo de resumen puede ser la siguiente:

- "Peña Furada" fue descubierta en el año de 1992, para pasar al olvido otros veinte años. Un cortafuegos pasó a escasos tres metros del afloramiento, que se salvó de milagro.
- Hace diez años, con motivo de la "fiebre de los petroglifos", consiguió salir de su letargo y dejar de ser una excepción, para formar parte de un catálogo cada vez más extenso.
- Diez años después, la desidia y la dejadez siguen imperando. Los petroglifos no están señalizados, ni cuentan con ningún elemento de protección.

En mi opinión, los únicos responsables de este despropósito son las autoridades de Patrimonio y en última instancia su superior, el Delegado de la Junta para León. No olvidemos que nadie puede tocar un yacimiento rupestre sin su consentimiento expreso. Ellos son los encargados de promover estudios, realizar limpiezas del entorno, dotar de elementos de seguridad, y cualquier otra actuación que podamos imaginar, como DECLARAR DE UNA VEZ LOS YACIMIENTOS COMO BIENES DE INTERÉS CULTURAL. Es una vergüenza que la ley obligue a su declaración, y que ni uno solo de los petroglifos descubiertos figure en la lista de Bienes Culturales. La inmensa mayoría permanecen olvidados a su suerte y protegidos tan solo por la Divina Providencia.
 La sociedad y los responsables municipales deben reaccionar unidos, exigiendo a Patrimonio que cumpla su cometido, y de paso una ley a la que ellos deben estar más sometidos que nadie.

Lo dicho, a ver si esto al menos nos sirve de aviso.

miércoles, 28 de noviembre de 2018

LOS PETROGLIFOS DE "LA FUENTE DEL LOBO"


Semanas atrás, un nuevo panel rupestre ha salido de su  letargo milenario para mostrarse ante nuestros ojos. Como viene siendo habitual en los últimos descubrimientos, ha sido un aficionado el autor del hallazgo. Su nombre es Marcos Alonso Blas, un amigo residente en Lagunas de Somoza, y es a él a quien debemos agradecer el conocimiento de estos nuevos petroglifos.
 Su localización se sitúa entre las localidades de Lagunas de Somoza y Villar de Golfer, en medio de un paraje en el que predominan robles y encinas, típico de la comarca maragata. El topónimo más cercano a la zona es el denominado "La Fuente del Lobo", que a mi entender no podía ser más elegante y sugerente, por lo que he decidido bautizar a esta estación rupestre con ese nombre. La localización exacta y coordenadas figuran en el comunicado que he mandado al Servicio Territorial de Cultura de la Junta de Castilla y León.
El nuevo panel se sitúa en un afloramiento de pizarra, y se compone de cazoletas principalmente, aunque se aprecian también un par de pequeños surcos. La altura del afloramiento es escasa, pues no supera el metro de altura. En la parte superior se localizan las cazoletas más grandes y profundas, incluso a alguna de ellas la podríamos considerar como una cubeta pequeña.


                          "La Fuente del Lobo". Vista  superior del afloramiento con cazoletas

El nivel intermedio del panel presenta una concentración más abigarrada de estos símbolos semiesféricos. Dominan la composición algunas cazoletas de mediano tamaño, que sobresalen en importancia sobre otras más pequeñas y con menor profundidad. En un lateral de esta zona intermedia se advierten algunos surcos que unen las cazoletas más cercanas.
En el plano inferior, casi al nivel del suelo se concentra otra agrupación de cazoletas mucho más pequeñas, algunas son difíciles de apreciar pues apenas sobrepasan los 2 cm de diámetro y profundidad.
 En las rocas inmediatas al pequeño afloramiento se distribuyen algunas cazoletas aisladas, pero se cumple aquí también la norma de tantas estaciones rupestres, sin que se pueda explicar el motivo de que en un pequeño afloramiento se concentren todos los grabados, mientras que otras superficies cercanas, y aparentemente más propicias para ese fin, permanezcan vacías.
El número total de cazoletas supera las 25 unidades, y como en la mayoría de espacios rupestres de la provincia, llama la atención la ausencia de otros símbolos, como círculos o motivos más complejos. Tampoco se aprecian grabados más modernos, como cruciformes o firmas de pastores.


                                              "La fuente del Lobo". Vista lateral

Estos nuevos petroglifos se unen a los ya conocidos, y no por ser del mismo estilo pueden parecernos repetitivos o menos importantes. En provincias que atesoran conjuntos rupestres de primer orden, se sigue considerando de gran importancia a este tipo de hallazgos. También en otros lugares este tipo de descubrimiento tienen la repercusión que merecen, apareciendo incluso en publicaciones y noticias de nivel nacional, donde arqueólogos de prestigio se felicitan por los descubrimientos. Aquí, tenemos la suerte de que los leoneses se preocupan por conocer este tipo de vestigios de nuestros antepasados, y suplen con su curiosidad el desinterés de las autoridades patrimoniales, que por no hacer, ni siquiera se dignan en incluir las estaciones rupestres en la lista de Bienes de Interés Cultural.


                              Contexto y paisaje de la estación rupestre "La Fuente del Lobo"

Para finalizar, quiero agradecer otra vez la labor de Marcos Alonso Blas, porque gracias a su curiosidad y por mirar las rocas de otra manera ha sido posible el conocimiento de estos nuevos petroglifos.



miércoles, 3 de octubre de 2018

LAS HERRADURAS EN EL ARTE RUPESTRE DE LA PROVINCIA DE LEÓN

Hace pocas semanas pude leer en el Diario de León una noticia referente a la publicación de un trabajo sobre los grabados rupestres de Pendilla en Villamanín (León). En dicho trabajo, Manuel Mallo Viesca hace relación de diversas rocas con grabados en el camino que asciende desde la localidad de Pendilla hasta Propinde. La noticia, excelente por la divulgación de estas manifestaciones rupestres, tiene la cara amarga cuando leemos que de las 17 rocas documentadas en el año 1970 solo se conservan 4, las demás han desaparecido bajo el empuje de las excavadoras al ensanchar el camino. Hasta ahora nunca se habían divulgado estos grabados y vemos ahora el resultado, para que tomen nota aquellos que no son partidarios de dar a conocer estos vestigios en aras de una mejor protección.

La mayoría  de los grabados de Pendilla que se han conservado, y muchos de los que han desaparecido, están representados por una figura semicircular o con forma de herradura, que poco a poco se ha ido convirtiendo en habitual en las estaciones rupestres leonesas. Ha pasado de ser una representación casi testimonial que solamente aparecía en unos pocos paneles, como las herraduras de "La Peña de Santiago" en el Castro de Sopeña y algunos ejemplos más situados en fuentes y rocas solitarias. Muchas de ellas llevan aparejada la leyenda de las pisadas dejadas por el caballo del Patrón Santiago, que daba unos saltos tan prodigiosos que transmitía las improntas con forma de herradura a la roca. Hoy, la gran mayoría de estos grabados han desaparecido, y solo se conservan las leyendas orales que nos hablan de ellas.



Roca 1 de Pendilla. Herraduras, cruciformes y figuras bitriangulares



Pendilla, Roca 1. Detalle de herraduras con forma de vulva


Pendilla, Roca 8. Tres herraduras con pequeña cazoleta inscrita


Roca 13 en Pendilla. Herraduras y cruciforme

Gracias a los últimos descubrimientos, las herraduras están presentes en el arte rupestre leonés en diversas estaciones. Además de las citadas de Pendilla, tenemos “La Peña de Santiago” en Villar del Monte (LaCabrera), “La Pisada del Moro y de la Mora” en Castrillos de la Valduerna, la “Peña Ferrada” en Chana de Somoza (Maragatería) y en el castro de Sopeña (cerca de Astorga y a las puertas de La Cepeda). Hay noticias de leyendas y herraduras en Brimeda (La Cepeda) y algunos pueblos de Las Omañas. Por otro lado, Juan Luis Puerto enumera en su libro “Leyendas de tradición oral de la provincia de León” más de una docena de leyendas asociadas a grabados con herraduras repartidas por toda la provincia, muchas de ellas ya desaparecidas o ilocalizables como las de “El Vasico” en Chana de Somoza o las herraduras de Palacios Mil en La Cepeda Alta.



Herradura de "La Peña de Santiago" en el castro de Sopeña



"La peña de Santiago" en Villar del Monte



"Peña Ferrada" en Peña Martín (Chana de Somoza)



"La Pisada del Moro y de la Mora". Castrillo de la Valduerna

 Los emplazamientos suelen coincidir con castros prerromanos o cerca de su espacio de influencia, y como paradoja cabe considerar que están ausentes en el tramo del Camino de Santiago que atraviesa la provincia, un trazado donde cabría de esperar que se concentrasen herraduras y leyendas del apóstol.  Pueden aparecer en solitario o en pequeñas o grandes agrupaciones, sin otras figuras junto a ellas o asociadas en un caso a podomorfos, y a cruciformes en otro, aunque en algunas estaciones guardan una prudente distancia entre ellos como si funcionasen independientemente. En la “Peña Ferrada” de Chana y en “La Peña de Santiago” de Villar del Monte las herraduras presentan un punto o pequeña cazoleta interior y algunas agrupaciones se representan muy juntas y ordenadas verticalmente a modo de eslabones de una cadena. Las herraduras de Castrillo de la Valduerna y Villar del Monte son más pequeñas y proporcionadas, mientras que las de Chana y las del Castro de Sopeña son más grandes, algunas con una curvatura que tiende a cerrarse.
Los grabados con forma de herradura de Pendilla que se acaban de divulgar atesoran prácticamente todo el repertorio: unas son semicírculos simples, más o menos cerrados, otras tienen los lados rectos, y en lo que concierne al interior, contienen algunas un punto o pequeña cazoleta, otras herraduras presentan una raya interior, horizontal en unos casos y vertical en otros. En los ejemplos de raya vertical, la figura resultante recuerda a las vulvas grabadas en las paredes de las cuevas paleolíticas, y a otras que aparecen pintadas en el mismo contexto, como por ejemplo las representadas en el "Camarín de las Vulvas" en la cueva de Tito Bustillo. Todo esto no hace más que reforzar la teoría que propone a las herraduras como símbolos de fertilidad.


                                Roca 1 en Pendilla. Detalle de herraduras con forma de vulva

Todavía hoy pensamos que la forma de herradura es un símbolo propicio de la buena suerte, y luce clavada en la puerta de muchas casas. Es un amuleto tan potente que basta con tocarlo, tirarlo hacia atrás o ponerlo en determinado lugar para conseguir buenas energías a su alrededor. La forma de "U" se repite en muchas civilizaciones como atributos de dioses femeninos o como símbolos lunares (que es casi lo mismo). Si el semicírculo está invertido, se asemeja al aparato genital femenino, incluso podría asimilarse al útero creador de la vida. La pequeña cazoleta en su interior podría significar el comienzo de la vida o la semilla primigenia. Pero eso es solo mi teoría, y por el momento no deja de ser una teoría más.


Detalle de herraduras con cazoleta inscrita. Peña Ferrada en Peña Martín  (Chana de Somoza)

Las diferentes interpretaciones que se proponen, así como las propuestas cronológicas han generado controversia entre los especialistas, pues como las cazoletas abarcan un espacio temporal que discurre desde el Paleolítico hasta la Edad Media. En la mayoría de los paneles con herraduras, basta un solo cruciforme para que se las considere de cronología histórica, aunque las técnicas de ejecución de las figuras sean completamente diferentes y su aspecto sea anacrónico.  No obstante, me llama la atención la valentía de Manuel Mallo al aventurar una propuesta cronológica prehistórica para las herraduras de Pendilla. No todos los especialistas se arriesgan a llevar la contraria al pensamiento dominante.

     La lista de grabados con forma de herradura en la península sería interminable, pero nos resultan más cercanas a León las herraduras del “Picu Berrubia”, en el centro de Asturias, dadas a conocer por Blas Cortina, diversas “Pedras das Ferraduras” en los petroglifos gallegos o las huellas de soldados, santos y héroes (Santiago, El Cid, Roldan, las pisadas o “patadas” de Virgen María etc.) repartidas por la Meseta Central.