A principios del mes de octubre del año pasado Luis Antonio Alonso descubrió una roca con un centenar de cazoletas en el paraje denominado "La Encricijada" en el Val de San Román. La noticia publicada en "Astorga Redacción" daba cuenta del hallazgo describiendo el lugar "cercano al río Turienzo y a un majestuoso castro" (sin excavar como todo lo de por aquí).
En una visita poco después de la noticia pude localizar sin problemas el emplazamiento y observar un afloramiento con numerosas cazoletas, algunas de ellas comunicadas por surcos muy erosionados. También hay grabadas unos cuantos cruciformes y algún círculo, además de apreciarse en la parte superior del yacimiento una zona con un pequeño rebaje que ha sido tapizado por cazoletas más pequeñas hasta cubrir todo el espacio disponible.
Creca de allí en dirección al río aflora otro roquedo, y al nivel del suelo hay más cazoletas grabadas (cerca de la veintena). No dice nada de esto la noticia, pero seguro que Luis Antonio también las había visto. En todo caso suyo es el mérito, pues fue él quien descubrió la estación rupestre.
Estos petroglifos me parecen muy interesantes, pues al estar tan cerca del río se podrían poner en relación con este y con algunas teorías que relacionan este tipo de yacimientos con rituales en los que el agua estaría presente (culto a las fuentes, a los ríos etc).
Yo descubrí hace unos meses una roca parecida con cazoletas, un par de Km. aguas abajo en el termino de Piedralba. Las coincidencias son evidentes: los petroglifos están en una roca al nivel del suelo, en la rivera izquierda del río Turienzo y bastante cerca del castro de Piedralba.
Todos estos petroglifos guardan un cierto parecido (como ya apuntó Luis Antonio en la noticia del descubrimiento) con otros aparecidos hace poco en Andiñuela, y son piezas de un puzzle que estamos empezando a componer. La foto siguiente lo demuestra.
El río Turienzo (que precisamente nace de unos afluentes cerca de Andiñuela) sigue guardando el secreto del significado de los glifos, pero al menos nos muestra las evidencias de ese mundo perdido y escondido junto a sus aguas.
sábado, 12 de abril de 2014
domingo, 23 de marzo de 2014
LOS TABLEROS DE JUEGO DE LA PROVINCIA DE LEÓN
A finales de 2008 publiqué en este blog un trabajo dando cuenta de los tableros de juegos que localicé en la catedral de León, situados en el claustro y en algunas capillas como el que se encuentra al lado de la tumba de Ordoño II detras del altar mayor. El Diario de León se hizo eco del asunto y publicó la noticia del descubrimiento en la sección de cultura, propiciando que esos alquerques salieran del anonimato después de los siglos.
Tiempo después recibí una llamada de teléfono, al otro lado se escuchaba una voz con acento extranjero que en un perfecto castellano y con una educación exquisita me solicitaba el permiso para poder utilizar alguna de las fotos de ese trabajo para poderlas publicar en un libro en el que estaba trabajando.
Se las cedí todas, como no podía ser de otra manera, pues aunque en ese momento yo no lo sabía, Govert Westervelt es un holandés afincado en España desde hace muchos años, hispanista y experto en el juego del ajedrez y las damas (fue campeón juvenil de Holanda con 15 años). Es el cronista oficial de Blanca (Murcia) y académico de la Real Academia Alfonso X el Sabio de Murcia. Además de otras muchas dedicaciones ha publicado más de 50 libros y su currículum es abrumador.
Govert acaba de presentar ese libro, que lleva por título "The history of alquerque-12. Spain and France", en el que presenta los resultados de su investigación sobre el origen del juego de las damas. El libro está escrito en inglés, y es el primer tomo de una extensa recopilación de alquerques de 12 como los aparecidos en la catedral de León y repartidos por toda la península. El autor desmonta algunas teorías que postulaban el origen del juego de las damas en Francia basándose en la etimología francesa de algunos aspectos del juego. La gran cantidad de alquerques grabados en toda la Península Ibérica (muchos más que en Francia y otros países) así como la antigüedad de algunos que se han podido datar con seguridad como los del yacimiento arqueológico de El Castillo en Cieza (Murcia), anteriores a 1243, constituyen la prueba evidente de que el juego de las damas tuvo su origen en España. Esta teoría está tan bien fundamentada que ha sido aceptada por la gran mayoría de expertos mundiales sobre el tema.
Para el autor, la invención de este juego tal y como lo conocemos hoy se remonta a los orígenes del ajedrez moderno, del cual deriban las damas. Resumiendo mucho la situación, se podría decir que las damas nacen cuando se trasladan las fichas y reglas del alquerque de XII a un tablero de ajedrez moderno. Y va mucho más lejos, pues ha demostrado también en otros trabajos que la dama doble que se obtiene en el juego de damas al alcanzar la última fila con una ficha, así como la poderosa reina del ajedrez son innovaciones introducidas en ambos juegos con posterioridad también en España, y son el reflejo de la poderosa imagen que la población tenía en esa época de la reina Isabel la Católica
Ya tengo el libro en mi poder y ha sido una satisfacción comprobar que mis teorías no estaban equivocadas, ya que la provincia de León está representada de una manera destacada en el libro, con un capítulo de 15 páginas y 20 fotografías dedicadas a los alquerques de XII conocidos en la provincia. Además de los tableros de la catedral de León, la lista incluye un alquerque grabado en una piedra de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima en Astorga (que no fue un descubrimiento mio pues ya era conocido) y otro ejemplar situado en el Monasterio de Carracedo (cuya información y fotos han sido aportadas por el también especialista José Manuel Hidalgo).
Esta última foto muestra uno de los alquerques localizados en el claustro de la catedral de León en el año 2008.
A pesar de que ya han pasado seis años y de las obras que se han realizado en el templo, nadie ha considerado retirar un solo palmo esa estatua decapitada situada encima de uno de los alquerques más clásicos. La estatua continúa pegada con cemento al escaño tapando el tablero, y resulta chocante que después de mover recientemente una gran cantidad de estatuas del templo para su restauración, precisamente esa no se haya movido.
A ver si escrito en inglés alguien se da por aludido y comprende que esta situación (como la propia estatua) no tienes pies ni cabeza.
Temas relacionados:
Los tableros de juego de la catedral de León
Alquerques
Así que pasen 400 años
Tiempo después recibí una llamada de teléfono, al otro lado se escuchaba una voz con acento extranjero que en un perfecto castellano y con una educación exquisita me solicitaba el permiso para poder utilizar alguna de las fotos de ese trabajo para poderlas publicar en un libro en el que estaba trabajando.
Se las cedí todas, como no podía ser de otra manera, pues aunque en ese momento yo no lo sabía, Govert Westervelt es un holandés afincado en España desde hace muchos años, hispanista y experto en el juego del ajedrez y las damas (fue campeón juvenil de Holanda con 15 años). Es el cronista oficial de Blanca (Murcia) y académico de la Real Academia Alfonso X el Sabio de Murcia. Además de otras muchas dedicaciones ha publicado más de 50 libros y su currículum es abrumador.
Govert acaba de presentar ese libro, que lleva por título "The history of alquerque-12. Spain and France", en el que presenta los resultados de su investigación sobre el origen del juego de las damas. El libro está escrito en inglés, y es el primer tomo de una extensa recopilación de alquerques de 12 como los aparecidos en la catedral de León y repartidos por toda la península. El autor desmonta algunas teorías que postulaban el origen del juego de las damas en Francia basándose en la etimología francesa de algunos aspectos del juego. La gran cantidad de alquerques grabados en toda la Península Ibérica (muchos más que en Francia y otros países) así como la antigüedad de algunos que se han podido datar con seguridad como los del yacimiento arqueológico de El Castillo en Cieza (Murcia), anteriores a 1243, constituyen la prueba evidente de que el juego de las damas tuvo su origen en España. Esta teoría está tan bien fundamentada que ha sido aceptada por la gran mayoría de expertos mundiales sobre el tema.
Para el autor, la invención de este juego tal y como lo conocemos hoy se remonta a los orígenes del ajedrez moderno, del cual deriban las damas. Resumiendo mucho la situación, se podría decir que las damas nacen cuando se trasladan las fichas y reglas del alquerque de XII a un tablero de ajedrez moderno. Y va mucho más lejos, pues ha demostrado también en otros trabajos que la dama doble que se obtiene en el juego de damas al alcanzar la última fila con una ficha, así como la poderosa reina del ajedrez son innovaciones introducidas en ambos juegos con posterioridad también en España, y son el reflejo de la poderosa imagen que la población tenía en esa época de la reina Isabel la Católica
Ya tengo el libro en mi poder y ha sido una satisfacción comprobar que mis teorías no estaban equivocadas, ya que la provincia de León está representada de una manera destacada en el libro, con un capítulo de 15 páginas y 20 fotografías dedicadas a los alquerques de XII conocidos en la provincia. Además de los tableros de la catedral de León, la lista incluye un alquerque grabado en una piedra de la fachada de la iglesia de Nuestra Señora de Fátima en Astorga (que no fue un descubrimiento mio pues ya era conocido) y otro ejemplar situado en el Monasterio de Carracedo (cuya información y fotos han sido aportadas por el también especialista José Manuel Hidalgo).
Esta última foto muestra uno de los alquerques localizados en el claustro de la catedral de León en el año 2008.
A pesar de que ya han pasado seis años y de las obras que se han realizado en el templo, nadie ha considerado retirar un solo palmo esa estatua decapitada situada encima de uno de los alquerques más clásicos. La estatua continúa pegada con cemento al escaño tapando el tablero, y resulta chocante que después de mover recientemente una gran cantidad de estatuas del templo para su restauración, precisamente esa no se haya movido.
A ver si escrito en inglés alguien se da por aludido y comprende que esta situación (como la propia estatua) no tienes pies ni cabeza.
Temas relacionados:
Los tableros de juego de la catedral de León
Alquerques
Así que pasen 400 años
domingo, 26 de enero de 2014
FIEBRES PALEOLÍTICAS
Fue a principios de 2008 cuando tuve la suerte de descubrir
en la Somoza maragata dos rocas grabadas con cazoletas y laberintos. Estos
espectaculares petroglifos se convirtieron para
mí y otras muchas personas en una
pequeña ventana a la que asomarse y descubrir un mundo perdido en las laderas del Teleno. Los sucesivos descubrimientos de otros
paneles con petroglifos están conformando un “corpus” cada vez más extenso, que unido a las
pinturas de la misma época del Bierzo y La Valduerna hace que se pueda hablar
con propiedad del “Arte rupestre de la provincia de León”.
Comprendí
además que estos yacimientos duplicaban las fechas aceptadas hasta ahora sobre la presencia humana en la comarca maragata, pues confirman la ocupación del territorio por
comunidades más o menos estables desde
finales del Neolítico, aproximadamente hace unos 5000 años antes del
presente.
En aquella época yo buscaba respuestas a la pregunta sobre
la cronología de las primeras ocupaciones humanas de este territorio al que
ahora llamamos Maragatería, y confieso que descubrir vestigios tan antiguos colmó todas mis expectativas.
Sin embargo me he seguido haciendo la misma pregunta de siempre:
¿Quiénes estuvieron antes?
Hace un par de años encontré
en Quintanilla de Somoza una piedra en el suelo. Era pequeña y estaba mezclada con otras muchas que se habían caído
de una pared de piedra seca de las que
tanto abundan por aquí, pero por alguna razón clavé mi mirada en ella y no pude apartarla hasta que la tuve
en mis manos. Era un bifaz. Mi primer bifaz y el primero documentado en todo
Maragatos.
Había oído y leído historias sobre hachas de mano y cosas
parecidas en la comarca, pero si existen estas piezas están bien esconditas, porque lo cierto es que a día de hoy no tengo constancia física de industria lítica del Paleolítico en toda la Somoza
maragata. Consulté con unos cuantos amigos especialistas en el tema y el
veredicto fue unánime: “Se trata de un bifaz musteriense del Paleolítico Medio. Es muy
interesante porque no hay nada documentado de esta época en Maragatería y
deberías entregarlo al Museo de León”.
Vale, les dije. Y me fui corriendo para casa a repasar lo que era el
Musteriense ese. En cuanto a lo de entregarlo… no fui capaz, al menos en ese
momento. Qué queréis que os diga, era mi
bifaz...
Eso fue hace unos años, pero hoy
sé que el Musteriense es el nombre con el que se denomina a una manera o modo
específico de tallar las piedras para fabricar los útiles en el Paleolítico Medio.
Los modos anteriores (modos 1 y
2, también llamados Olduvayense y Achelense) se caracterizan por que se trabaja el núcleo de piedra "quitando lo que sobra” como en una
escultura, y descartando las pequeñas lascas resultantes de la talla.
Sin
embargo en el Modo 3 o Musteriense el nódulo o núcleo de piedra se prepara
previamente, de tal manera que este paso intermedio facilita la extracción de
láminas o lascas más finas, que a su vez se retocan para incrementar el filo y
mejorar el resultado final. Esta técnica permite extraer varios útiles de un
mismo núcleo y obtener mucho mejor rendimiento con menos trabajo.
Aunque los principios de esta
técnica se originaron a finales del interminable Paleolítico Inferior en los tiempos de Homo heidelberguensis (la banda del tio Miguelón, el de Atapuerca), hay consenso en aceptar el hecho de que fue el Hombre de Neandertal el que la
generalizó, hasta el punto de que los conceptos “industria Musteriense” e
“industria Neandertal” se utilizan como
sinónimos.
Esta herramienta de piedra demuestra que Homo neandertal pasó por estos montes, quizá siguiendo las migraciones de
sus presas para darles caza emboscándose en los estrechos valles. Me lo imagino
con su grupo abatiendo un viejo ciervo acorralado en el río, y fabricando
apresuradamente un bifaz (mi bifaz) de cuarcita con el que descuartizar el animal antes de
que el olor de la muerte atraiga a las hienas, los lobos o lo que sería peor
aún: a los descomunales osos de las cavernas, los verdaderos amos de la Sierra del
Teleno en ese momento.
Tiempo después encontré en las cercanias de Astorga una punta de flecha tallada en silex. Tiene toda la pinta de ser de época neolíitica (así me lo han dicho algunos especialistas)) y de ser eso cierto sería la prueba evidente de que el cerro sobre el que se fundó Asúrica Augusta hace 2000 años fue testigo de la presencia de poblaciones humanas hace más de 5 milenios. El que piense que esta pequeña punta lítica no tiene mayor importancia quizá deba saber que no hay constancia oficial de nada tan arcaico en la dilatada historia de la ciudad y es en este momento el vestigio más antiguo atribuible al Homo sapiens en toda la comarca.
No hace falta ser un experto para ver la evolución qur experimentó la talla lítica desde aquellos útiles toscos del Paleolítico Medio hace quizá más de 150.000 años y la punta de flecha neolítica de hace 5 milenios. A destacar la delicada talla por presión en los filos de la flecha, y resaltar que el silex con el que fue construida tuvo que venir de muy lejos, porque no se conocen yacimientos de este mineral en toda la provincia de León
Como en el caso de las rocas con petroglifos, un instrumento de piedra fabricado por el hombre primitivo transmite información preciosa sobre mundos ya desaparecidos, pero en mi caso también me ha contagiado unas calenturas nuevas que he bautizado como "fiebres paleoliticas".
Tiempo después encontré en las cercanias de Astorga una punta de flecha tallada en silex. Tiene toda la pinta de ser de época neolíitica (así me lo han dicho algunos especialistas)) y de ser eso cierto sería la prueba evidente de que el cerro sobre el que se fundó Asúrica Augusta hace 2000 años fue testigo de la presencia de poblaciones humanas hace más de 5 milenios. El que piense que esta pequeña punta lítica no tiene mayor importancia quizá deba saber que no hay constancia oficial de nada tan arcaico en la dilatada historia de la ciudad y es en este momento el vestigio más antiguo atribuible al Homo sapiens en toda la comarca.
No hace falta ser un experto para ver la evolución qur experimentó la talla lítica desde aquellos útiles toscos del Paleolítico Medio hace quizá más de 150.000 años y la punta de flecha neolítica de hace 5 milenios. A destacar la delicada talla por presión en los filos de la flecha, y resaltar que el silex con el que fue construida tuvo que venir de muy lejos, porque no se conocen yacimientos de este mineral en toda la provincia de León
Como en el caso de las rocas con petroglifos, un instrumento de piedra fabricado por el hombre primitivo transmite información preciosa sobre mundos ya desaparecidos, pero en mi caso también me ha contagiado unas calenturas nuevas que he bautizado como "fiebres paleoliticas".
Hace una buena temporada me armé de valor y acepté lo inevitable. Contemplé por última vez el bifaz y la punta de flecha y les hice unas cuantas fotos de despedida. Cuando los deposité en el Museo de León pensé que me iba a costar más desprenderme de esas jodías piedras, pero la verdad es que me sentí liberado y salí del museo con la sensación de caminar ligero como una pluma.
Sé que estas piezas nunca fueron realmente mias y ahora ya son nuestras, de todos las que las quieran apreciar. Se quedaron en buenas manos, y por un momento pensé que las "fiebres" remitirían, pero no. Están empeorando, así que os aviso...
domingo, 22 de diciembre de 2013
NUEVAS EVIDENCIAS DE PETROGLIFOS...(II)
En el pasado mes de julio de este 2013 publiqué un artículo en este blog titulado "Nuevas evidencias de petroglifos y altares rupestres en Maragatería (1)". El descubrimiento de los primeros petroglifos en el Bierzo retrasó un poco la publicación de la segunda entrega sobre estos grabados inéditos situados en Maragatería.
Al igual que los de la primera parte, los petroglifos han sido descubiertos por mi buen amigo Mark Raes. Ya hemos comentado en post anteriores la relación de Mark con Maragatería y con su historia, hasta el punto que se ha convertido en un maragato más.
La primera estación rupestre que os presento se encuentra situada a medio camino entre las localidades de Andiñuela y Prada de la Sierra, asomada a un valle por donde discurre el río Prada.
La roca está compuesta de pizarra esquistosa y aflora como un batolito entre la vegetación de la zona compuesta por robles y monte bajo. Con toda seguridad este lugar fue aprovechado por el hombre hasta tiempos recientes, pues presenta abundantes recursos para el ganado (pastos y agua); además de un indudable valor cinegético. Con el abandono de las prácticas agrícolas y forestales (los pueblos aquí si no están muertos, están heridos de muerte) la naturaleza impone su ley cerrando caminos, derribando cercas y repoblandootra vez la zona de corzos, ciervos y lobos, como seguramente la conocieron aquellas poblaciones prehistóricas que por primera vez se asentaron aquí.
Las figuras representadas confirman otra vez el estilo predominante: cazoletas y surcos. No se observan otros signos como cruciformes o firmas de pastores, y todas las figuras presentan una pátina antigua y erosionada, en especial la zona superior que ha sido colonizada por líquenes de varios colores que realzan más si cabe la belleza de la estación rupestre. Las cazoletas están distribuidas por la zona superior y descienden por uno de los laterales. El otro lateral apenas presenta grabados.
Como se puede ver hay una cazoleta que destaca sobre las demás. Está situada en la parte más alta del afloramiento y es la más grande y profunda. Además tiene el típico surco se salida, aunque curiosamente está orientado al costado de la roca que tiene menos grabados. Esta es la zona más bonita del afloramiento con musgos y líquenes de varios colores. Ya sabéis, prohibido eliminarlos....
Si se observa atentamente el costado por donde están representadas más cazoletas, hay un largo surco que desciende desde la zona superior hasta la base uniendo unas cuantas cazoletas. El tamaño de las mismas perece disminuir a medida que se acerca al suelo y la figura resultante es una línea serpenteante que se amolda a las irregularidades de la roca. Como las cazoletas van aumentando de tamaño, la impresión es que la línea es más fina en un extremo que en el otro. Este aspecto unido al discurrir serpenteante de la figura (al contrario que en otras estaciones rupestres en las que las líneas son más rectas) me anima a considerar la posibilidad de que sea un serpentiforme. Esta interpretación quizá sea un poco subjetiva (otros pueden ver una representación estelar, por ejemplo), pero creo que en estos casos la explicación más lógica y sencilla es la correcta, y las leyendas ancestrales nos hablan de cuélebres, dragones y bichas, no de constelaciones.
Por otro lado y como ocurre en otras estaciones, la disposición descendente de las cazoletas y el surco que las une facilitaría la conducción hacia el suelo de un líquido vertido en la zona superior. La pregunta que se plantea es si nos encontramos ante la simple representación de una serpiente o ante un espacio ritual con forma -o dedicado a- este legendario animal. Otra pregunta lógica sería porqué el el serpentiforme asciende hasta el borde mismo de la cazoleta principal y sin embargo no conecta con ella.
La otra roca con petroglifos se encuentra relativamente alejada de las anteriores (aunque en su ámbito de influencia), concretamente al norte de Rabanal del Camino, el pueblo donde Mark ha decidido construir su casa y quedarse para siempre en esta tierra. Aparentemente no es tan espectacular como las anteriores, pero me parece muy interesante por la zona donde ha aparecido, porque confirma el estilo y constata la realidad de que la mayoría de los emplazamientos que se han descubierto en la provincia se sitúan en las inmediaciones de valles propicios para la caza y la cría del ganado. Generalmente se suele escoger lugares elevados desde los que se divisa un amplio panorama, dentro de las limitaciones que plantean estos pequeños y encajados valles.
Como se puede ver en la foto anterior (una vista del afloramiento desde el valle), los círculos destacan dos zonas con cazoletas, una situado el la parte inferior junto a una oquedad o pequeño refugio (apenas coge una persona recostada). Hay distribuidas unas cuantas cazoletas en las superficies horizontales, en la parte más alta hay tres cazoletas (una de ellas ovalada) que recuerdan un rostro humano (ojos y boca), pero presentan una pátina más moderna, como si hubieran sido hechas o repasadas quizá por un pastor de la zona en tiempos más recientes. La apariencia y disposición del grupo de cazoletas inferior parece perfectamente prehistórico, aunque alguna de ellas podría haber sido añadida en época contemporánea.
En la zona superior del afloramiento hay grabadas otra docena de cazoletas y aparentemente no hay surcos ni otros signos. Todo el panel aparece muy erosionado, sin la impresión de añadidos de la zona inferior. Desde este lugar se domina esta zona del valle (más otro tanto a la izquierda que no sale en la foto) y se pueden vigilar a los animales domésticos y salvajes, según se tercie.
Hace cuatro años apenas teníamos evidencias de petroglifos en la provincia de León, y ahora podemos permitirnos el lujo de conocer las nuevas estaciones rupestres de dos en dos.
Que dure, gracias otra vez a Mark y felices fiestas para todos.
Las figuras representadas confirman otra vez el estilo predominante: cazoletas y surcos. No se observan otros signos como cruciformes o firmas de pastores, y todas las figuras presentan una pátina antigua y erosionada, en especial la zona superior que ha sido colonizada por líquenes de varios colores que realzan más si cabe la belleza de la estación rupestre. Las cazoletas están distribuidas por la zona superior y descienden por uno de los laterales. El otro lateral apenas presenta grabados.
Como se puede ver hay una cazoleta que destaca sobre las demás. Está situada en la parte más alta del afloramiento y es la más grande y profunda. Además tiene el típico surco se salida, aunque curiosamente está orientado al costado de la roca que tiene menos grabados. Esta es la zona más bonita del afloramiento con musgos y líquenes de varios colores. Ya sabéis, prohibido eliminarlos....
Si se observa atentamente el costado por donde están representadas más cazoletas, hay un largo surco que desciende desde la zona superior hasta la base uniendo unas cuantas cazoletas. El tamaño de las mismas perece disminuir a medida que se acerca al suelo y la figura resultante es una línea serpenteante que se amolda a las irregularidades de la roca. Como las cazoletas van aumentando de tamaño, la impresión es que la línea es más fina en un extremo que en el otro. Este aspecto unido al discurrir serpenteante de la figura (al contrario que en otras estaciones rupestres en las que las líneas son más rectas) me anima a considerar la posibilidad de que sea un serpentiforme. Esta interpretación quizá sea un poco subjetiva (otros pueden ver una representación estelar, por ejemplo), pero creo que en estos casos la explicación más lógica y sencilla es la correcta, y las leyendas ancestrales nos hablan de cuélebres, dragones y bichas, no de constelaciones.
Por otro lado y como ocurre en otras estaciones, la disposición descendente de las cazoletas y el surco que las une facilitaría la conducción hacia el suelo de un líquido vertido en la zona superior. La pregunta que se plantea es si nos encontramos ante la simple representación de una serpiente o ante un espacio ritual con forma -o dedicado a- este legendario animal. Otra pregunta lógica sería porqué el el serpentiforme asciende hasta el borde mismo de la cazoleta principal y sin embargo no conecta con ella.
La otra roca con petroglifos se encuentra relativamente alejada de las anteriores (aunque en su ámbito de influencia), concretamente al norte de Rabanal del Camino, el pueblo donde Mark ha decidido construir su casa y quedarse para siempre en esta tierra. Aparentemente no es tan espectacular como las anteriores, pero me parece muy interesante por la zona donde ha aparecido, porque confirma el estilo y constata la realidad de que la mayoría de los emplazamientos que se han descubierto en la provincia se sitúan en las inmediaciones de valles propicios para la caza y la cría del ganado. Generalmente se suele escoger lugares elevados desde los que se divisa un amplio panorama, dentro de las limitaciones que plantean estos pequeños y encajados valles.
Como se puede ver en la foto anterior (una vista del afloramiento desde el valle), los círculos destacan dos zonas con cazoletas, una situado el la parte inferior junto a una oquedad o pequeño refugio (apenas coge una persona recostada). Hay distribuidas unas cuantas cazoletas en las superficies horizontales, en la parte más alta hay tres cazoletas (una de ellas ovalada) que recuerdan un rostro humano (ojos y boca), pero presentan una pátina más moderna, como si hubieran sido hechas o repasadas quizá por un pastor de la zona en tiempos más recientes. La apariencia y disposición del grupo de cazoletas inferior parece perfectamente prehistórico, aunque alguna de ellas podría haber sido añadida en época contemporánea.
En la zona superior del afloramiento hay grabadas otra docena de cazoletas y aparentemente no hay surcos ni otros signos. Todo el panel aparece muy erosionado, sin la impresión de añadidos de la zona inferior. Desde este lugar se domina esta zona del valle (más otro tanto a la izquierda que no sale en la foto) y se pueden vigilar a los animales domésticos y salvajes, según se tercie.
Hace cuatro años apenas teníamos evidencias de petroglifos en la provincia de León, y ahora podemos permitirnos el lujo de conocer las nuevas estaciones rupestres de dos en dos.
Que dure, gracias otra vez a Mark y felices fiestas para todos.
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jueves, 7 de noviembre de 2013
LOS SÍMBOLOS GRABADOS EN EL CASTRO DE SOPEÑA
Este artículo fue escrito como una colaboración al boletín cultural Revista de la Cepeda:
Conocido en la antigüedad con el hermoso nombre de “Petra
Leve”, el asentamiento prerromano situado en la localidad de Sopeña se yergue
sobre el horizonte como un velero que cabalgase las olas. En lo más alto, como
si fuera el puesto de vigía, se alza un farallón de cuarcitas que desciende
casi verticalmente hasta el río Tuerto. Quizá el Homo neandertal y sus
antepasados los Homo heidelberguensis cruzaron en un remoto verano del Paleolítico
Inferior el rio cuando este pasaba por encima del castro, pero después de
incontables riadas las aguas han buscado
su cauce por el estrecho pasillo ganado a las cuarcitas que allí se encontraron.
El resultado es un promontorio defendido por la altura de
las rocas y por el propio río. Estas coincidencias geológicas fueron
aprovechadas por nuestros antepasados prehistóricos para situar sus poblamientos, que si bien en
el Neolítico final y principios de la Edad Del Bronce se situaron en los valles
recién domesticados y de fácil acceso, fueron paulatinamente fortificándose,
enrocados en promontorios como este. La ladera aterrazada orientada al sur no
es más que la consecuencia de la disposición de las cabañas que en su día
formaron un entramado habitacional bastante irregular, comparado con la
ordenada traza romana que pudo tener siglos después, cuando las legiones de
Augusto sometieron al pueblo astur y romanizaron el asentamiento.
Es complicado hablar de cómo pudieron haber sido las cosas
en Petra Leve hace dos o tres milenios, y más con la ausencia casi absoluta de
datos arqueológicos o excavaciones que
pudieran guiarnos en ese sentido. En todo caso, es de suponer un origen astur
al asentamiento, y que después de la conquista romana pudo pervivir al amparo de la cercana Asturica Augusta. Esta
cercanía y los productos agropecuarios de la vega del rio Tuerto debieron
originar un comercio continuo y productivo que,
ya en tiempos de la Pax romana, pudo aumentar los límites del castro
primitivo, extendiéndose el núcleo de
población ladera abajo. Si alguna vez se realiza un estudio del lugar, no sería
extraño encontrar restos de aquellas construcciones cerca de la carretera e incluso al lado del río.
De las rocas que coronan la parte más alta del castro
destaca la conocida “Peña de Santiago”, rematando el farallón cuarcítico y con
un plano horizontal orientado al oeste.
En esta superficie se encuentran grabadas las famosas herraduras que
según la leyenda popular se atribuyen a las huellas de las herraduras del
patrón Santiago.
La Peña de
Santiago coronando los bloques de cuarcita. Vista desde Presarrey
A principios de los años 50 del siglo
pasado Luis Alonso Luengo escribió un artículo titulado "Elementos paganos y heterodoxos en el
León antiguo", donde a su vez se citan varios trabajos de José María Luengo al respecto de este tema:
"Es curioso notar que el contorno todo de esta comarca se envuelve en una atmósfera sacerdotal, como se delata en el Castro de Sopeña, a tres kilómetros de Astorga, con sus leyendas religiosas, antiguas y medievales, y donde en la peña cortada a tajo sobre el río, aparecen siete marcas talladas, en forma de herradura, "representaciones del ídolo femenino símbolo de la fecundidad, en su estilización dentro de la fase del periodo eneolítico y renovada después bajo la cultura celta-astur", según descubrió José Mª Luengo ("Notas para la Historia de León y su Provincia" y "El Castro de Sopeña", en el Pensamiento Astorgano, 6 de Septiembre de 1951), marcas que, según Luengo, nuestro máximo arqueólogo leonés, aparecen también en otros lugares de la provincia, y que si, al cristianizarse la zona, se asocian siempre a la leyenda de Santiago, y a la fascinación del Camino Jacobeo, (como en Sopeña, donde se atribuyen a señales de las herraduras del caballo de Santiago, que afincado en la peña saltó sobre Astorga, cayendo al otro lado de la ciudad, en un prado donde, al posarse el caballo, manaron cuatro fuentes -una de cada herradura- que son las llamadas "Fuentes de Santiago"), todo ello revela - según José Mª Luengo- "una pervivencia cristianizada de las religiones primitivas".
"Es curioso notar que el contorno todo de esta comarca se envuelve en una atmósfera sacerdotal, como se delata en el Castro de Sopeña, a tres kilómetros de Astorga, con sus leyendas religiosas, antiguas y medievales, y donde en la peña cortada a tajo sobre el río, aparecen siete marcas talladas, en forma de herradura, "representaciones del ídolo femenino símbolo de la fecundidad, en su estilización dentro de la fase del periodo eneolítico y renovada después bajo la cultura celta-astur", según descubrió José Mª Luengo ("Notas para la Historia de León y su Provincia" y "El Castro de Sopeña", en el Pensamiento Astorgano, 6 de Septiembre de 1951), marcas que, según Luengo, nuestro máximo arqueólogo leonés, aparecen también en otros lugares de la provincia, y que si, al cristianizarse la zona, se asocian siempre a la leyenda de Santiago, y a la fascinación del Camino Jacobeo, (como en Sopeña, donde se atribuyen a señales de las herraduras del caballo de Santiago, que afincado en la peña saltó sobre Astorga, cayendo al otro lado de la ciudad, en un prado donde, al posarse el caballo, manaron cuatro fuentes -una de cada herradura- que son las llamadas "Fuentes de Santiago"), todo ello revela - según José Mª Luengo- "una pervivencia cristianizada de las religiones primitivas".
La
tradición popular asegura también que en el momento del salto se le cayó el
manto (en otras versiones el manto sería
de la Virgen), brotando al instante flores en la pradera y nenúfares en el río.
Una de las herraduras o
semicírculos de la Peña de Santiago
En
la actualidad la zona está francamente deteriorada, con los restos de la antigua vivienda del guarda de la Confederación
Hidrográfica que regulaba la apertura y cierre de los canales de riego, casetas
abandonadas y una imponente estructura metálica que se supone que es un
pararrayos que ya no protege nada. A pesar de todo esto y de las pintadas
grafiteras que afean el lugar y retratan
a los responsables, el entorno conserva el encanto y la magia de los lugares
especiales, y desde siempre ha sido
utilizada como zona de baño en verano, paseos románticos y domingos
tortilleros. Es costumbre también subir a lo más alto de las rocas a localizar
las herraduras y admirar la vista panorámica que desde allí se divisa.
Quizá por eso la Peña de Santiago posee hoy
unos cuantos símbolos más grabados en la roca. La mayoría son de época reciente
y algunos de ellos realizados por personas con evidentes conocimientos sobre cantería, y
a buen seguro con herramientas específicas para ese fin. Una decena de grabados salpican la roca
principal y alguna de las adyacentes, con símbolos de buena factura pero de
pésimo gusto, con diversa simbología oriental y egipcia que “chirría” nada más
contemplarla, además de alterar el
aspecto original del yacimiento.
Algunos de los
símbolos recientes de la Peña de Santiago
Teniendo
en cuenta que las referencias antes citadas solo hacen mención a los 7
semicírculos o herraduras (en la actualidad casi invisibles), se acepta sin
reservas que todos los demás grabados son añadidos en épocas muy recientes, y
así puede ser en la mayoría de los casos, salvo algunos en los que se plantea
alguna duda y otros inéditos hasta el momento y
que he podido localizar en una búsqueda más minuciosa.
El
primero de ellos es una cazoleta que aparece en la superficie horizontal y
principal. No es citada por Luis Alonso ni por José María Luengo, pero
la pátina y los líquenes que la recubren demuestran una cierta antigüedad, la
suficiente para que al menos estos historiadores la hubieran visto. En mi opinión esta cazoleta puede ser
contemporánea a la época prerromana del castro (Edad del Hierro), opinión que
se afianza con el descubrimiento en una superficie horizontal de las rocas
inferiores de una docena de cazoletas, algunas formando hileras y otras
agrupadas, en algún caso tan juntas que han originado un desconchón en la roca
con forma de trébol.
Este petroglifo no debe de sorprender en un entorno castreño, pues los altares con cazoletas pervivieron desde los tiempos neolíticos hasta la llegada del Imperio Romano. Los pueblos astures que lo habitaban en ese momento son el resultado de la integración de la cultura indígena anterior con las de las sucesivas oleadas de pueblos centroeuropeos. En estos lejanos territorios también se han documentado altares con cazoletas, por lo que en ese sentido podemos hablar de una cierta continuidad cultural, como así lo demuestran otras cazoletas que aparecen en otros yacimientos cercanos como las del Castro Encarnado de Cuevas.
Este petroglifo no debe de sorprender en un entorno castreño, pues los altares con cazoletas pervivieron desde los tiempos neolíticos hasta la llegada del Imperio Romano. Los pueblos astures que lo habitaban en ese momento son el resultado de la integración de la cultura indígena anterior con las de las sucesivas oleadas de pueblos centroeuropeos. En estos lejanos territorios también se han documentado altares con cazoletas, por lo que en ese sentido podemos hablar de una cierta continuidad cultural, como así lo demuestran otras cazoletas que aparecen en otros yacimientos cercanos como las del Castro Encarnado de Cuevas.
Una cazoleta aislada, posiblemente contemporánea de las herraduras.
Cazoletas agrupadas y formando líneas, talladas en una de las
rocas inferiores del castro
Hay otro símbolo con forma de rombo con
una cruz inscrita en su interior que necesitaría un análisis más pausado antes
de incluirlo en la categoría de los grabados recientes. Las dudas en este caso
son planteadas al coincidir con otros símbolos representados en el ya citado
Castro Encarnado de Cuevas. Al menos en
cuatro ocasiones lo podemos localizar en este asentamiento de similares
características (prerromano y romanizado después). Esta coincidencia debe
hacernos plantear una cronología mucho más tardía (castreña o medieval) de este
símbolo, y en todo caso alejada de los tiempos contemporáneos de los otros
grabados.
Rombo con
cruz incisa. Castro de Sopeña
Hay una última figura que plantea las mismas dudas y que
está situada en la Peña de Santiago, también junto a las herraduras y casi tan
invisible como ellas. Se trata de un cruciforme de pequeñas dimensiones y
cubierto totalmente por líquenes. Con unas medidas que apenas sobrepasan los 5
x 3 cm presenta un diseño muy sencillo que puede encajar en varios periodos. La
parte superior es una cruz normal con los brazos en ángulo recto, y en la parte
central del mástil sobresalen dos líneas con un ángulo aproximado de 40º. El
mástil se prolonga en la parte inferior y se aleja de las dos líneas
centrales. No hay una base que cierre el
típico triángulo de una supuesta cruz con peana.
Si bien el cruciforme puede interpretarse como un símbolo
cristiano (en ese caso su cronología oscilaría entre la Baja y la Alta Edad
Media), hay una serie de circunstancias en contra de esa adscripción, como son
su diminuto tamaño y la total ausencia de otras cruces (en esa roca y en todas
las demás). Tampoco tienen mucha explicación las líneas laterales oblicuas,
pues solo hay que mirar la foto para darse cuenta que la base triangular que
formarían sería tan grande como la propia cruz.
La otra posibilidad es que se trate de una representación
humana, lo que en la Arqueología se
denomina “antropomorfo”, y bajo este prisma las cosas parecen encajar mejor.
Aquí no importa el pequeño tamaño, pues las representaciones de este tipo de
figura no solían hacerse para ser vistas
desde lejos, y representaban más bien universos simbólicos restringidos a unos
pocos individuos conocedores del “ritual”. Las líneas oblicuas antes
mencionadas formarían las piernas, una de ellas ligeramente arqueada. Es obvio
decir que la línea central que se prolonga por debajo representa el sexo de la
figura. Comparando las tipologías de las cruces cristianas y las de los
antropomorfos con forma de cruz, no se encuentran parecidos razonables entre
las cruces religiosas, mientras que sí se encuentran paralelos en la de los
antropomorfos. Concretamente la figura encajaría con el denominado
“antropomorfo típico- sexuado”, si bien tengo que reconocer que en este caso
hablaríamos de “muy sexuado”. Es lo que hay…
Si consideramos esta
figura como un antropomorfo su cronología sería mucho más tardía, pudiéndose
vincular a los orígenes prerromanos del castro en la Edad del Hierro. Al
contrario que las cazoletas (que incluso pudieron haber sido realizadas por
culturas prehistóricas anteriores a los astures), parece realizado con un
instrumento de metal afilado, necesario para grabar líneas tan finas en la dura
cuarcita.
Quizá algún día sepamos a ciencia cierta el origen de esta
figura, pero mientras tanto a mí me gusta pensar que es el cepedano más pequeño y antiguo de nuestra querida
tierra, y que desde su atalaya de cuarcitas doradas vigila desde la noche de
los tiempos el vuelo de los vencejos mientras escucha, a sus pies, el rumor del rio Tuerto.
domingo, 25 de agosto de 2013
PETROGLIFOS EN EL BIERZO (POR FIN)
Sin embargo, me parecía especialmente extraño el hecho de que hasta ahora no se hubiera tenido constancia de ningún petroglifo en el Bierzo. La fosa berciana es un paso casi obligado que comunica las tierras del Duero y la meseta central con Galicia, esta circunstancia unida a su extensión y cercanía a los petroglifos gallegos hace de la comarca un lugar faborable a estas manisfestaciones, al menos estadísticamente.
Este desconocimiento en lo que concierne a grabados prehistóricos no afecta sin embargo a otro tipo de manifestaciones como son las pinturas rupestres realizadas en las pequeñas cuevas y abrigos de los riscos de cuarcita. Las pinturas abarcan un repertorio de figuras muy esquematizadas, con gran variedad de antropomorfos, zoomorfos (cuadrúpedos), soliformes, ramiformes (con forma de ramo vegetal), símbolos geométricos (círculos, reticulados etc) y otras figuras abstractas de difícil clasificación.
El hecho de que ambas manifestaciones rupestres -pinturas y petroglifos- hayan sido encuadradas en la misma cronología (el calcolítico) hacía mas inaudita la ausencia de los grabados bercianos.
Pues bien, resulta que el escenario anterior ha quedado modificado por el descubrimiento de varios paneles con petroglifos aparentemente prehistóricos en la localidad de Santa Marina de Torre.
Hace unos meses Juan Carlos Garrido localizó unas rocas grabadas con cazoletas y otros símbolos en las cercanías del pueblo, al lado del camino y casi a tiro de piedra de las casas. Juan Carlos Garrido supo reconocer de inmediato la importancia de los grabados y se puso en contacto con la asociación cultural "Carqueixa del Bierzo" de Santa Marina de Torre. Ellos a su vez me pusieron en contacto con mi tocayo Juan Carlos y propiciaron la visita los grabados. Además han organizado diversas actuaciones encaminadas a proteger y adecuar el entorno de las estaciones rupestres, como son la de enseñar a los propios vecinos la importancia cultural e histórica de los petroglifos.
Los paneles se encuentran separados en dos estaciones rupestres distintas (aunque cercanas entre sí) y al lado de los respectivos caminos que discurren a pocos metros de los grabados.
La primera roca con petroglifos se encuentra en el paraje denominado "Las Abarrazas", en una superficie casi horizontal que a modo de plataforma corona un afloramiento a media ladera. Los motivos representados se pueden encuadrar sin problemas en la tipología de los petroglifos ya conocidos en la provincia: cazoletas que de manera mayoritaria ocupan las mejores zonas del panel y surcos serpenteantes que de manera caprichosa evitan o comunican las cazoletas con las que se topan.
No obstante, la composición es aquí más complicada que en los petroglifos maragatos, pues algunas cazoletas aparecen unidas entre sí formando cazoletas dobles e incluso triples. Entre la maraña de surcos y grietas naturales de la roca se localizan algunas figuras triangulares otras siluetas tienen formas ovaladas y algunas cazoletas están inscritas dentro de círculos. Estos círculos están unidos también a los surcos que las rodean, de tal manera que a veces no se sabe bien cual es cual.
En la parte más alta del panel predominan las cazoletas, unas agrupadas aunque en un desorden al menos aparente (algunas emparejadas, otras unidas por surcos otras unidas entre sí...)
Esta zona superior del yacimiento se ve interrumpida por una gruesa raíz de la encina que corona el afloramiento, pudiéndose constatar la presencia de cazoletas a pocos centímetros de esta, por lo que no sería nada extraño que los petroglifos continuaran bajo la raíz e incluso al otro lado.
La otra estación rupestre queda muy cerca de la anterior aunque en una posición más elevada respecto al valle. Está por tanto más cerca del pueblo y también tiene nombre: "La peña del Trigo"
El panel ocupa una roca alomada que sobresale de los afloramientos cercanos al camino. Hay grabadas cerca de medio centenar de cazoletas, la mayoría intercomunicadas por surcos. Aquí parece no haber tanta complicación, los surcos unen de forma rectilínea grupos de hasta seis o siete cazoletas y al menos un par de ellas están rodeadas por un círculo.
Hay junto a este panel algunas rocas más en los afloramientos que se prolongan a uno y otro lado entre el valle y el camino. Predominan las cazoletas formando agrupaciones semicirculares, y en algunas ocasiones (como en la siguiente fotografía del propio descubridor Juan Carlos Garrido) una cazoleta más grande preside la zona central.
Juan Carlos Garrido también me dio noticias sobre un petroglifo ya desaparecido en la actualidad. Se encontraba en lo alto de un cerro, y tuvo la mala suerte de coronar una mina de carbón. "Fue lo primero que arrancaron las máquinas hace 20 años cuando comenzó la explotación de la mina", me cuenta mi tocayo. Los grabados consistían en un podomorfo acompañado por un par de semicírculos o herraduras: " La huella del pie era pequeña y estilizada, como de mujer, y había una herradura grande y otra pequeña". La tradición popular contaba que eran la pisada de la Virgen María y las herraduras eran la huella de un borrico y un buey. Estos grabados se conocieron con un nombre revelador: "La Patada de Nuestra Señora", topónimo que se hizo extensivo a toda la zona y que aparece en el plano topográfico junto a la cicatriz y el desastre producido por la mina ahora ya cerrada.
Tiempo habrá de estudiar más detenidamente estos grabados rupestres, poniéndolos en relación (o no) con otros vestigios arqueológicos como pueda ser la cercanía del castro de Santa Marina al otro lado del pequeño valle. Un estudio y búsqueda más exhaustiva propiciará sin duda nuevos descubrimientos en la zona, y con toda seguridad estos primeros ejemplos de petroglifos del Bierzo serán considerados en un futuro como la punta del iceberg que emergerá después.
De momento debemos alegrarnos de las nuevas noticias y felicitarnos de tener paisanos como Juan Carlos Garrido, que además de descubrir estos petroglifos ocultos entre las rocas ha realizado otro tipo de descubrimiento que yo creía imposible, como es el caso de "La patada de Nuestra Señora", que es el de rescatar de su memoria un petroglifo que ya no existe y hacer con su descripción que lo "veamos" otra vez.
No sé si me entendéis, pero descubrir algo que no existe me parece rizar el rizo...
Juan Carlos lo ha hecho y le ha quedado bordado... Felicidades.
Enlace a la noticia publicada en INFOBIERZO:
El Bierzo descubre petroglifos en Santa Marina de Torre
miércoles, 17 de julio de 2013
NUEVAS EVIDENCIAS DE PETROGLIFOS Y ALTARES RUPESTRES EN MARAGATERÍA (I)
Ya hemos comentado varias veces la fuerza con la que ha prendido en Maragatería (y por extensión en toda la provincia) la semilla de la curiosidad y el afán por conocer los vestigios de nuestros antepasados. Con tanta gente involucrada no es de extrañar que se sucedan nuevos hallazgos que se suman a los ya conocidos, configurando una colección cada vez más numerosa.
Hace unos meses mi buen amigo Mark Raes me comunicó el hallazgo de varias rocas con petroglifos. No es la primera vez que Mark me da esa noticia, pues ya en el año 2009 localizó una roca con círculos y cruciformes que tuve el honor de bautizar con el nombre de "Peña Cruzada". Mark es un enamorado de nuestra tierra desde que la vió por primera vez cuando hizo el Camino de Santiago, y lo cierto es que abandonó su Bélgica natal y se quedó con nosotros para siempre. Los nuevos descubrimientos de Mark no son fruto de la casualidad, son el producto del esfuerzo y de la pasión por el arte rupestre, y el resultado son varias rocas con petroglifos en las cercanías de las localidades de Turienzo y Andiñuela (por el momento y para preservar los grabados no puedo precisar más su ubicación).
Los petroglifos están repartidos en diferentes rocas de una misma zona, y se sitúan relativamente cerca de los petroglifos de La Peña Furada. Las cazoletas son el motivo principal representado en los paneles, acompañadas por algunos surcos y en uno de los casos por un sistema de cubetas.
Antes de colocar las fotos de los nuevos descubrimientos, hay que resaltar las similitudes con el sistema de cubetas descendente de La Peña Furada de Turienzo, lo que unido a su cercanía permite establecer paralelos entre las dos estaciones rupestres. Las dos siguientes fotografías pertenecen a La peña Furada:
(Vista general de La Peña Furada de Turienzo y detalle de las cubetas)
En la década de los 80 del siglo pasado La Peña Furada de Turienzo fue el primer petroglifo descubierto en la provincia de León, aunque esta estación rupestre permaneció olvidada 20 largos años hasta que en el año 2008 despertó de su letargo debido a la repercusión de los nuevos decubrimientos de petroglifos maragatos.
Hasta ese momento fue una rara excepción en la comarca, que no obstante confirmaba la regla de que nunca hay que dar nada por sentado, y menos en temas de prehistoria donde desconocemos tantas cosas todavía.
La verdad es que los excepcionales paneles con laberintos descubiertos en la ya famosa estación rupestre de Peña Fadiel no se podían paralelizar totalmente con La Peña Furada (sobre todo atendiendo a la iconografía representada) pues salvo la coincidencia de numerosas cazoletas, en Turienzo predominan las cubetas a distintas alturas e intercomunicadas por surcos, mientras que en Filiel son esos enigmáticos laberintos los que componen la escena.
Ahora, nuevas evidencias permiten establecer similitudes como veremos a continuación.
La primera de las rocas contiene cuatro cazoletas, tres de ellas alineadas marcando la dirección este- oeste. No es una roca espectacular, pero complementa a las otras de la zona.
Cerca de la roca anterior hay una laja con una superficie horizontal de cerca de tres metros de largo. Hay representadas cerca de una veintena de cazoletas, algunas más grandes y profundas de los que suele ser habitual en los petroglifos de estas tierras. La orientación es la misma que en la roca anterior, y la debilidad del soporte (pizarra esquistosa) hace que los grabados estén bastante erosionados. La diferencia con la otra roca (además de un mayor número de cazoletas) es que este panel está ligeramente elevado del suelo.
La siguiente roca es la más interesante de la zona, con todo el aspecto de un altar rupestre prehistórico. Se trata de un afloramiento de pizarra esquistosa que se eleva un par de metros del terreno de forma progresiva. La parte más alta del afloramiento está coronada por una roca poligonal e inclinada, habiéndose esculpido en ella una docena de cazoletas de distintos tamaños, así como un sistema de cubetas comunicadas por surcos que de manera descendente hacen fluir cualquier líquido vertido en la cubeta superior. El parecido con Peña Furada (el altar rupestre de Turienzo que aparece en las primeras fotos de este artículo) es más que evidente, así como la impresión de que fueron construidos en la misma época y para el mismo fin.
Al contrario que en La Peña Furada, no se observan indicios de otros grabados y no hay rastro de cruciformes ni firmas de pastores, lo que a mi modo de ver confirma las sospechas de los especialistas de que estos símbolos que aparecen en los petroglifos de Turienzo son añadidos posteriores. En cuanto al grado de conservación, este altar rupestre de Andiñuela está en las últimas, pues presenta una gran erosión y descascarillados, producto de los milenios que lleva expuesta a la intemperie y de la propia fragilidad de la roca que soporta los grabados.
Como se puede apreciar en las fotos, en la zona más alta del panel hay tres cubetas profundas y de distintos tamaños. La de la izquierda es la más esférica y está rodeada a su vez en la parte superior por varias cazoletas pequeñas, mientras que de la parte inferior descienden cuatro surcos de forma radiada.
A la derecha de esta composición hay dos cubetas unidas, formando una figura ovalada de la que desciende otro surco hacia la zona inferior, donde una gran cubeta horizontal recoge todos los surcos mencionados. Esta última cubeta parece la unión de varias cazoletas profundas más pequeñas , pues presenta ensanchamientos y zonas esféricas de distinto tamaño. No marca el final de los grabados, ya que de ella todavía se puede apreciar un surco descendente, aunque este no une otras cazoletas más pequeñas de la zona inferior e inmediata al suelo.
La finalidad de estos petroglifos todavía es un enigma para la ciencia, aunque la teoría que genera mas consenso es que funcionarían como altares rupestres en los que se celebraría algún tipo de ritual (iniciación de nuevos miembros de un grupo, rogativas propiciatorias de la fecundidad o de la lluvia etc), en los que la presencia de líquidos vertidos a modo de ofrenda debieron tener un papel importante. Viendo el sistema de cubetas descendentes no es difícil imaginar a una persona iniciada y conocedora de los secretos del ritual (hombre sabio, chamán, sacerdote..) vertir algún líquido (agua, leche, sangre etc) sobre los grabados y como éste por gravedad llena las cubetas y acaba en el suelo.
En cuanto a la cronología, la gran mayoría de altares rupestres de estas características han sido encuadrados en un largo periodo que va desde el Neolítico hasta la Edad del Hierro.
Si consideramos los petroglifos de Peña Fadiel de cronología calcolítica, es asumible la teoría de que estas manifestaciones rupestres (más simples, menos evolucionadas) pueden ser anteriores a los primeros momentos de la Edad de los Metales y bien pudieran ser vestigios de los pueblos neolíticos, cuya existencia aparece probada en las zonas limítrofes (Zamora, Portugal, Galicia...). El contexto arqueológico en el que están localizados está alejado de cualquier asentamiento prehistórico conocido, y parece relacionarse más con las zonas de pastos altos de montaña que tanto debieron apreciar los ganados de los primeros pobladores estables de estas tierras.
La ausencia de otros símbolos representados (herraduras cruciformes etc) parece descartar una cronología más moderna, y el hecho de que el paralelo más cercano (La Peña Furada de Turienzo) haya sido objeto de estudio por los especialistas y encuadrada en el Calcolítico refuerza la impresión de que nos encontramos ante vestigios de esa misma época, o como ya apuntamos, quizá algo anterior.
En cuanto a la finalidad, es difícil aventurar una hipótesis definitiva, salvo la que considera a la zona como un espacio sagrado o especial delimitado por rocas con cazoletas, como queriendo destacar la importancia de la roca principal, el altar rupestre con un sistema de cubetas en el que se realizaría algún tipo de ritual prehistórico.
Y todo esto (y algo más, que expondré en futuras entradas) lo ha encontrado Mark, por pura afición y cariño a una tierra que ya es la suya.
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